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Mostrando entradas de febrero, 2012

W- Final.

Margaret Keane El dolor de cabeza se hace insoportable por momentos y ya sé a quien no acercarme, al gato peludo, mohoso, pútrido, abandonado entre la basura. ¿Quién te ha dicho que tienes que rescatar a todos los gatos muertos? Deja a esos que te arrastran a las profundidades de tu mente y te obligan a ser un reflejo descolorido del que alimentarse. Con el tiempo olvidarás el dolor de cabeza, o eso esperas. ¿Alguien sabe cómo soltar el dolor de cabeza, como dejar de estar aturdida? Esto no es una reflexión, no es ni siquiera una queja, es la certeza de que me han infectado el cerebro. No es demasiado tarde, sólo necesitas espacio, espacio entre las paredes, entre las conexiones recreativas de tu mente. Espacio. Al fin y al cabo ya has avanzado y nadie puede hacer que retrocedas. Qué pesada resulta la ira en la cabeza, la sensación abstracta de que no debieras haberle conocido, al absurdo hombre del cigarro, que vive en W y no entiende que el final estaba impreso desde el principio.

L-L En el Planeta Rojo.

L-L no es un lugar en el mundo, ni siquiera es un lugar que conozcas o que quieras compartir; es un lugar frío, sin ideas, sin emociones, un lugar de engaño. No entendí muy bien que había querido decirme, pero sé muy bien que el hombre rojo, el gato gris y todas las demás historias inventadas ya no existían. L-L-1 es un espacio entre dos mundos, uno de esos donde pueden engañarte con facilidad, ya que está oscuro. En realidad no se trata de un espectro engañoso de la luz y sus haces de colores, se trata de una invención, de un paraíso de verdades contadas a medias. Me pregunto qué es en realidad L-L y L-L-1, y, cuando no obtengo una respuesta correcta, no tengo más que mirar a otra parte. Comprendo que hay gente que está demasiado enferma para curarse, que los planetas de la Galaxia del Unicornio, no tiene una existencia real. Hace muchos años, en uno de mis múltiples viajes por la galaxia, descubrí que el tiempo puede modificarse,y desde entonces, no doy nada por hecho. Los ojos nos e...

L-L-I-II

Lo que que pasó con el hombre de rojo no es ninguna leyenda, porque el lago quedó desecado y encontró el camino de regreso. En la realidad las cosas no le gustaron y decidió convertirse en un gato, vago, traidor y descompuesto. En la realidad, decidió quedarse tumbado y dejar de seguir el cammino que le llevaría directo a la Ciudad de las Cosas Visibles; y lo cierto es que me intriga y observo desde la distancia, con un nuevo color en los ojos, porque, desde aquí, lo observo, me conformo y me alejo, porque yo sólo escribo la historia del gato gris que surgió del lago, pero yo no cambiaré su final lo más mínimo, tengo mucho trabajo por hacer y no es asunto mío dejar de narrar su historia.                                                   ...

L-L-l

En el lago todas las cosas son de colores. En el lago, el hombre de rojo puede hacer todo lo que quiere. En el lago, el tiempo se ha detenido y él está congelado. En el lago no hay salida; en el lago todos los peces son fríos. "No sé porqué quiere estar en el lago todo el tiempo, no sé porqué el lago le susurra y ella lo mira. Todo el tiempo. Y el aire tibio se cuela por su garganta, aunque tiene frío. En el lago todo es frío". Apenas siente el calor del sol y ella no puede acompañarle. ¿No quieres acompañarme?, pregunta él. ¿Por qué no quieres acompañarme? Sólo tengo frío, todo el tiempo. Life is Like a Theatre Ven y te mostraré el lago, el lago que no está frío. El lago. El lago que está al otro lado de las montañas y el dolor. Ven y te enseñaré el lago. Tú solo. El lago está frío para mí. Yo no puedo vivir en el lago.

Alicic

-¿Qué ves tras el cristal? -A ti. -¿Y qué hay tras el cristal? -Te veo a ti, mirando el espejo; te veo a ti, buscándote en el tiempo perdido. ¿Cuándo regresarás a casa? ¿Cuándo dejarás de entrar en mis sueños y de ser Las Mil y una Noches, todas las estrellas, cada cosa que he hecho mal; cuándo me permitirás dejar de buscarme? -Nunca, nunca, si de eso depende que regresemos a casa. Nunca, si de ello depende que seas la más fuerte de mis hijos, nunca, si no existe el perdón en tu mente para ti misma. Nunca. -Pero, entonces... ¿Cómo voy a conseguirlo! -Cuando seas perfecta. Mark Ryden

Acertijos

-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

Red Planet WE 52

-Deja el cuchillo... cuchillo... ¿dónde está el cu-chillo? ¿dónde está?.. -Tranquilo, hombre de hojalata, que yo te consigo uno nuevo. Tanta preocupación por perderlo.-Le dio un golpe fuerte entre las costillas.-Ojos en blanco, mirada perdida, latido del corazón inexistente: tienes todos los síntomas. -¿Todos los síntomas, todos los síntomas de qué? -Todos los síntomas de la reconstrucción post-portem. -¿Post qué? -Post mortem- dijo la chica rubia, aferrando con fuerza los mandos holográficos del computador. -Hija de la gran chingada, nadie te ha dicho que dejes de mortificarme ¿viene con tus putos circuitos cibernéticos? -Reconstrúyete, recontrúyete, hombre de hojalata, ¿por qué coño no te reconstruyes? ¿Por qué no? ¿Por qué no? Están empezando a fallarte los cicuitos. Vamos a estrellarnos, hombre de hojalata. ¿Puedes ver allí abajo tu casa? Reconstrúyete, hombre de hojalata. Dark vomit *Puede que, en algún momento, el hombre de hojalata se reconstruya a sí mismo, pero primero tendrá ...

Desorden

-En la oscuridad se hace difícil ver y descubres que nadie puede confiar en nadie. Pero, al menos, la sensación es invariable. -No puedo entender nada de lo que dices- contestó el músico-; claro que, si lo pienso, podría componer una partitura que lo explique todo. -¿Puedes hacer eso? -Claro. Puedo hacer eso y muchas más cosas. Puedo incluso pintar tu cara entre la música. Y amarte, y entenderte; puedo cuidarte y hacer que dejes de estar enojado. Todo eso puedo hacer yo con la música. La abeja se quedó callada, pensativa, zumbando en su eterno vuelo alrededor del hombre. -¿Y qué puedo hacer yo por ti?- preguntó la abeja.- No sé qué puedo hacer yo, si tú ya no me necesitas. Jeff Soto El músico dejó a la abeja sola y pensativa y en el aire se escuchó el mismo zumbido, la puerta al cerrarse y el pestillo cerrando la puerta.

El relojero 6 (Aleatorio)

-Ella... ¿quién es ella?- El relojero se quedó pensativo, con las manos lacias frente a la mesa, con el reloj a medio terminar importunándole muy cerca.- Ella no es nadie, nadie más que tú, quiero decir. Argentus no se sintió muy cómoda con la respuesta. Retocedió, miró a la mujer extraña y se encogió en un rincón. El relojero desapareció entre una nube de luz y de polvo; el relojero desapareció tras la mujer de la rosa de sangre y la cara entumecida, y todo lo demás reapareció en cuestión de segundos: la casa, sus escaleras, sus sonidos, sus flores, sus plantas y todas sus rosas verdaderas. Hasta aquí, puedo comprender que Ana no era las demás: era todas, era el alambre, era el equilibrio, era la armonía..., aunque Ana, Ana Argentea, no era, en realidad, ninguna de todas estas cosas; sólo era. Es cierto que le intrigaba saber dónde se había marchado el relojero, dónde estaba la mujer de la mueca pintada, de los ojos sangrantes. Historias del pasado y en el pasado deben quedarse. Piens...

Alice de Par

En el bosque, tras tantos árboles dormidos, los árboles del bosque antiguo, estaban los pequeños. Todos ellos eran el mismo, una repetición de las mismas células, la misma secuencia genética... Y así descubrió que no eran idénticos y que no podían serlo por un motivo simple y conciso: porque los había construido primero en su mente y la mente siempre crea secuencias distintas.  Claudio la seguía unos pasos por detrás, embaucado por el color rosa de su pelo. -¿Quieres dejar de mirarme y observarlos a ellos? Eres un pesado. Contigo no se puede hacer nada bueno. -Ni que yo tuviera la culpa de que te hayas teñido el pelo de ese horrible color. -Gracias; eso, palabras positivas, eso es lo que me hace falta. ¿Sabes cuántas veces me han dicho que no, capullo? Tantas que me importa una mierda si estás no estás o desapareces; producto de mi imaginación. -Ya. Pues tampoco es tan fácil olvidarte de que existo- protestó Claudio. -No, claro, no es fácil, pero si lo es seguirlos a ellos. Limítat...

El relojero V

El problema era que, cuando a Ana le molestaban las cosas, Ana molestaba a las cosas. El problema eran los miserables obstáculos, las ratas que proliferaban a medida que abandonaba la seguridad de su casa, los cantos de los pájaros en sus jaulas, el reloj escurrido, entumecido, silenciado por las ruedas del coche plateado. ¿Tienes hojas en blanco, hojas? Tienes tu mente y la soledad de la carretera hasta la Ciudad Blanca. ¿No encuentras la Ciudad Blanca? Ya no es importante, porque el relojero se ha ido con la Ciudad Blanca. La que está en la cuarta dimensión. Y, ¿ sabes qué?, en la carretera, en el camino que te lleva hacia un nuevo horizonte no estás sola. ¿Ana? ¿Ana Argentea? Escuchas los gritos y los dejas pasar, los retuerces y los mutilas, porque nadie lo hace fácil, y cerrar tantas puertas es insufrible. Ábrelas, Ana Argentus, ábrelas todas y deja que tus caminos sean infinitos. Lorie Early ¿Pero quién eres tú?- preguntaron los ojos aguamarina. Y el reloj le sonrió dentro de la ...

Be free (La espada que arde)

"Bambole Shining". Ray Caes Caution Silence porque estoy contigo cuando estés en la noche Dormido podrás oír mi corazón latiendo Caution ayer hoy Siempre Confidence Ligth el murmullo del sueño blanco y tranquilo On fire

Laberinto: ἄργυρος El último plano

ALEX GROSS En el borde de la cama encontró la pistola. No pensaba volarse los sesos, pero sí volárselos a ese estúpido. En el final, cuando el camino se cortaba en una encrucijada y era libre, encontró su foto sobre la colcha. Y ya no conseguía recordar que tenía de especial, que había hecho que sintiese aquel calor recorriendo cada célula de su cuerpo y su cerebro, qué le hacía diferente cuando no lo era. Se sintió decepcionada. Nunca buscaba, encontraba algunas cosas que le servían, como aquella pistola que le habían entregado desde el futuro. Era un cazador, sí, ella lo sabía, pero no podía pensar, no quería pensar cómo estaba girando, encendiéndose la luz, cómo cambiaba su reflejo en el espejo y ya no era la misma. Vértigo, lo sintió; angustia; pero todo se puede transformar en una eterna decisión, y decidió que los trozos de su cerebro se esparcerían sobre la alfombra, dejando esquirlas de hueso: su cráneo desfragmentado. Decidió que no quería, y era algo que había decidido hacía...

Red Planet WE 52

¡Joder, coño! El puto cuchillo. ¿Quién te ha dicho que puedes reconstruirla así? - Es mi aura, de rojo, la desangro como me da la puta gana. El hombre herrumbroso la miró con desdén. Nunca había comprendido a su compañera: extraña, rubia, imbécil e hipocondríaca. Desconocía si se trataba de un fallo de fabricación por exceso de silicona, y si, además, el puto casco eléctrico le había jodido todas las neuronas. - El aura: arréglate antes la puta cabeza. -Claro, amor. Betánea se sentó en el sillón principal de la nave, sujetó los mandos y apretó el cuchillo sobre la luz roja, que, a borbotones, empezó a brotar del caso, de los brazos... El hombre robótico giró el rostro para no mirar. Todas esas tipas sintéticas estaban chaladas: Chakras, auras de colores, desangramientos inoportunos... -Joder, tía, si estamos llegando ya, ¿quieres coger los putos mandos? -¿Y la órbita? ¿Crees que va a alterarse? -Si te digo la verdad- dijo el de metal, desde el asiento de al lado-, no sé para qué cojone...

Instantes en la mañana entumecida cuando se reabren las heridas y me canso de aguantar el mismo ritmo jodido Un sombrero en la ventana de la ventana un gato y en el intento de verlo me consumo porque el gato se ha marchado ¿Quién es el gato? el gato que amo y lo que no amo envileciendo mi cabeza porque no estoy consecuentemente viva y despierta                                                                                                              ...

El relojero IV

Y, al salir , pensó cuan diferente era todo, lo rápido que olvidaba la imagen del hombre y el color de las paredes. La advertencia resonaba en su cabeza. Pensó que en realidad no necesitaba el reloj, pero estaba decidida a cambiar las cosas, a cambiar el pasado, a cambiar, a cambiar perpetuamente todas las veces que fuera necesario. Quizás no era lo suficientemente lista, o lo suficientemente valiente. Puede que, de regreso a la casa vacía, se fuese sintiendo más y más sola, más y más pequeña e insignificante. Puede que pensase que era culpa suya, despertarse y desear que el relojero estuviese allí, en su cama, sonriendo, con su abrazo cálido, dejando caer las lágrimas como cuentas de cristal que sirven para algo; diamantes, perlas de lluvia, esperanza, amor o algo similar; lo que hacía siglos había olvidado, después de darle tantas vueltas a las manecillas del reloj y no encontrar nada; sólo giros en el tiempo y un extraña y dolorosa sensación en la cabeza de estar extraviada, sola y ...

Tiempo

En todas las puertas encontró la misma marca, una cruz negra con un punto blanco en el centro. Puede que la historia se repita, esto fue lo que pensó, porque cuando queremos sentir lo mismo, sentimos exactamente lo mismo, cuando queremos escuchar lo mismo, escuchamos exactamente lo mismo. Todavía podía sentir el calor y la inmensa variedad de sensaciones que se alojaban en su cabeza. ¿Qué era lo que le impedía avanzar? Siempre posponía el momento de dejar la cruz negra y su punto blanco, porque el punto blanco, aquel diminuto punto blanco, era un punto de conexión. Puso el ojo de esfera azul y celeste sobre el punto y vio blanco. Siempre, en todas las puertas del largo y estrecho pasillo, encontraba cruces, puntos, blanco, cruces, puntos, blanco. Nunca conseguía la llave, nunca se esforzaba en conseguir la llave y se negaba a abandonar las puertas. La excusa podía ser la curiosidad o cualquier otra de las que su mente inventaba. Poco importaba que Úrsula tirase de la manga de su cazado...

Antifaz

En el frío y en el calor en el cielo y del revés vueltos los ojos blanco el envés deja que vea lo que tu ves

Tres

Puede que entiendas, cuando no quieras entender, cuando sean libres, cuando no haya un cuando ni un después ni un ahora: pero que difícil es unir la tierra con el cielo, las estrellas con el agua, el frío con el calor, por eso no debes hacerlo sola.

El relojero III

Y, cuando llegaron, Ana no se conformó con llegar: Le pareció la habitación su casa, la casa del relojero, la suya, e, impaciente, buscó con la vista un reloj en las paredes desnudas. -No es lo que esperabas, pero es- dijo el relojero cerca de la entrada sin puerta. -Pero yo esperaba... -No sabes nada y nada debes saber sobre el tiempo, excepto que el tiempo no existe- dijo el relojero. -Y, si no existe, dime para qué fabricas relojes.- El rostro de Ana se iluminó con una sonrisa perversa y los ojos brillaron con curiosidad. -Sólo porque tú los necesitas. -¿Yo?- Ana se sorprendió, abrió desmesuradamente los ojos y se revolvió sobre la silla.- ¿Por qué todo es tan inmensamente blanco? El relojero, ahora, estaba al otro lado, ya no estaba cerca de Ana y Ana se sintió confusa y giró el torso en dirección de la voz. No recuerdo cómo iba vestida, pero recuerdo que Ana quería cambiar cosas, Ana siempre quería cambiar. Y, cuando Ana quería cambiar, las cosas cambiaban con Ana. El relojero se ...

Casius

-¿Y el mundo se destruye cuando tú lo tocas? -No, no, claro que no, en absoluto. El mundo soy yo y nada de lo que hago lo destruirá. Casiopea se paseó inquieta por la habitación. Los ojos del dios la contemplaban en silencio, casi con reverencia, con un sentimiento de amor que Casiopea casi no podía definir. Le resultaba extraño, obsoleto, pasado de moda, como las botas de su armario, las mosqueteras que hacía un siglo que no se usaban; los jerseys de punto calado de su habitación, los osos de peluche y los bolsos. Casiopea contenía en sus ojos la luz de las estrellas. - ¿Y todas ellas? Dime. ¿No son la misma? La misma estatua. Casiopea observaba las estatuas de cristal, todas idénticas, de la habitación del dios, una habitación estrecha, larga y luminosa; dorada y espectral. -No son la misma- le dijo el dios-. Acaso te lo parecen, porque no has mirado bien. La mujer no podía contemplarlas de otro modo, excepto infinitamente iguales, perpetuamente iguales, indiferentemente iguales, y p...

El relojero II

Días atrás había visitado la Ciudad blanca, una ciudad futurista, domótica y perfecta, con sus reglas perfectas, anclada perpetuamente en la cuarta dimensión. Había previsto las consecuencias, creía. Un reloj de los otros servía para medir, pero Ana no quería un reloj de los otros, de modo que consiguió un visado, uno de los caros, de los que le hacen a uno hipotecar la casa, los niños, la ropa del armario y hasta la mascota del vecino. La Ciudad Blanca estaba a tres mil kilómetros de su casa: la casa con jardín, con perro, con césped y setos; la casa con un hijo muerto, con un silencio perpetuo y un asesino perfecto. Ana estaba dispuesta a conseguir cambiar las cosas como fuera. Sus pasos vacilaron al entrar en la ciudad: le asustaron los sonidos, unos silbidos casi imperceptibles que surgían de la fábrica de relojes. El relojero tenía fama de ser un hombre arisco y perverso, nada de esto le pareció a Ana cuando cruzó las puertas del edificio blanco y el hombre le estrechó la mano con...

El-le

Observó los ojos oscuros y el ritmo de la respiración tan lenta; el pecho hundiéndose con cada inspiración forzada. Estaba en su derecho de ser quien quisiera. Los juegos son inevitables y atraer la atención hacia uno u otro lugar un modo como otro cualquiera de jugar.  Mark Ryden  Todo, no obstante, posee unas ciertas características innatas, unas consecuencias, pero ella no dejaba de admirar cada destello, cada intento de la luz pulsada del ente por transmiterle sus conocimientos; no podía culparle por esa necesidad de imprimir en su mente unos pensamientos compartidos, aunque, pese a la apariencia, sólo la chica era consciente, de pie, junto al cuerpo extendido del hombre de las estrellas, de que buscaban exactamente lo mismo. [...]

Alisia

-Blanca, en el cielo, la luna. - Amodorradas las estrellas. Buscar siempre lo mismo es un error con idénticas soluciones. Aurora se revolvió en la silla, apartó un mechón cobrizo de su cara pálida y sonrió: -Bueno, todo lo que yo sé es que ella le preguntó si el viaje, ese que llevaban planeando tanto tiempo... en fin, qué poco cuesta decir la verdad, conclusa, sin que las dudas se alberguen en tu alma y te torturen y consigan que el sueño y la ilusión queden arrellanados, olvidados, los últimos. -Comprendo. Esperaba una respuesta y ahora tiene que olvidar, porque nadie quiere subir al siguiente nivel solo. -Sí, supongo-concedió Estea.- Lo que sé es que no volverá a hacerlo. Tiene demasiado poco todavía y no le gustan los secretos, mucho menos esas verdades sin concluir, que no hacen más que acrecentar sus esperanzas y le impiden dormir. Esa clase de juegos son... No encuentro una palabra para definirlos. Pero se repiten, y ella prefiere olvidar y dormir. - ¿No habrá viaje a París?- pe...

(...)

Espeluznante, lo que quieren que seas cuando eres y sabes lo que quieres el impedimento eres tú: siempre escribes pero no sabes dónde están o sí es eso lo que te molesta lo que intentas sacudirte de encima porque tienes mucho trabajo por hacer cubos para ensamblar y no puedes perder el tiempo Y es inútil: hablarle a un desierto escucharte, cuando las voces cambian y las ruinas se derrumban y los cimientos se caen si estás ahí, estupendo cuando no, me cuesta perdonar que no  lo estés y el único motivo para amarte soy yo intentando tropezar por un casual con un poco            (...)                                                           ...

Why not?

La confianza, ese monstruo de verdes ojos que te desnuda y te deja fría una mañana la confianza: esa que te dice en quien depositarla de dónde nace cual es el camino que la sostiene en el lago de las inconfundibles esperanzas Te frustra la espera la apatía pelear contra todas esas sombras los ayeres, los amaneceres y los ritos que se van desvanecidos los gritos Las lágrimas son azules conclusiones que cierran un capítulo incomprensible: Lo dejas ir en la libertad en la confianza Serana la seria armonía de tus pensamientos La vida deserta de tu mirada pero puede que en esos ciegos instantes cuando crees que te han traicionado seas tú el que abandone Qué te jodan, little baby, quiero algo Hasta las cejas de mierda de escuchar la misma voz que lo estropea Y no intentes encontrarle sentido porque perderlo todo en un instante es una jodida y perpetua cabronada Nada está perdido.

Erik-A

Angelina Wrona Angelina Wrona La casa era oscura por dentro, los grandes cortinones lo tapaban todo: la luz, la esperanza, la lluvia... Buscó con la vista su reflejo en todos los espejos, tantos que se encontró mirándose desde todos los ángulos de las paredes, de rosa, de verde lima y de azul, llenas de cuadros, que, reflejados en los espejos, le hacían el camino hasta la escalera intransitable, porque ya no sabía si se contemplaba a sí misma o los retratos: de caballeros medievales, de damas, de cortesanas, ajedrezados, desvaídos, rotos, antiguos y nuevos. Y lejos le pareció que quedaba la escalera: la escalera de peldaños rojos, con su barandilla adornada de serpientes aladas, retorcidas y apunto de volar... Señor Salme Se detuvo al pie, inspiró una bocanada de aire, miró al techo, para olvidar todas esas imágenes absurdas de sí misma y de los otros. Apuntaló los pies, cerró los ojos y se balanceó suavemente entre la música que llegaba desde el piso superior. No sé qué música era; me...

Círculos/ciclos. end/on

El agujero en la pared se agrandó, se hizo grande, creció, y Perseo pudo pasar a través, llegando sin esfuerzo al lado de las Cosas Únicas. Pocos saben de eso, pese a que todos lo ven, al menos viven en ese mundo de las cosas únicas. Las Cosas Unicas no son únicas por su sustento físico, ni terrestre; las Cosas únicas son objetos y creaciones humanas rodeadas de un halo de subjetividad profunda, esa que emana de cada mente. Perseo se dio cuenta de que nadie comprendía esto. Las cosas en sí mismas son un ente confuso: llega alguien, las mira, las toca, y toman forma. Perseo tomó forma ente la retina de Paula, encontró un hueco en su casa, en su vida y en su modo de colocarlo todo a su alrededor en perfecta simetría. Puede que su mundo y el mundo de Paula no fuesen distintos, porque él podía tocarlo todo y crearlo y ella podía crearlo todo sólo con tocarlo. Para comprender esto tendremos que explicar cuál es el mundo de Perseo y cuál el de Paula, pero esto es harto difícil. Si te atreves...

Rojo

Estaba sobre el tejado negro de ceniza, sobre su vida desenmascarada, sobre sus heridas cerradas- las que podía abrir, cerrar, hacerlas sangrar-. ¿Cuánto poder tienes? Pero no lo sabes, porque las falsas expectativas te hacen vacilar. Eso es lo que crees, por ese rasguño y todas las consecuencias; aunque sobre el tejado puedes volar y convertirlo en algo blanco y puro. Es tu lugar: ese desde donde puedes contemplarlos, contemplar la ciudad, contemplarte desde fuera. Llega, te susurra palabras incomprensibles y te dejas caer... tus alas se despliegan para sostenerte y caes, caes, caes, hasta elevarte, hasta contenerte, hasta poder sostener tus propias alas y volar. Siempre eres así, pero, en ocasiones, se te olvida. Sentiste el paraíso de su mente, de la tuya, tal vez puedas perpetuarlo, enlazarlo, pero comprender, oh, comprender está reservado a los dioses... Déjate caer, déjate caer, al menos eres un águila, déjate caer sobre el viento: Ahora. el viento es el latido, el viento es el a...