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Mostrando entradas de mayo, 2012

Ann(2)

Ann es un lugar en el que no espero despertarme. Papá dice que los entes extraños existen y los universos concatenados. Los dibuja sin cesar. Yo, en la monotonía teñida de rosa de mis días, los previos a mi viaje, me contento con tener pausada la respiración, que no se me alborote la sangre al ver el cuadro en la pared y el último desgajado pedazo de aire intralveolar se vaya fuera, junto con las ganas tremendas que tengo de llegar a la puerta de embarque y poner los pies en Egipto (soy bastante buena desenterrando cadáveres, momias, antigüedades diversas y entes inmateriales). Las azafatas son un encanto, la comida un asco y la bebida una auténtica y ergonómica sustracción de pensamientos: mi pánico a volar se ha ido transustancialmente hasta el señor del lado de la ventanilla; al señor del lado de la ventanilla no le ha gustado el ataque de pánico y sí muy mucho el ansiolítico sublingual y pequeñito. El avión es un boening de Iberia descomunal, los asientos de diseño surrealista etiq...

Fantasía en verde

En el museo, el hombre se detiene frente a la vitrina. Ve un corazón diminuto, etiquetado. No late- bueno... Sí. Un poco-; se detiene y comienza el ritmo frenético. No quiere mirarlo. Se pone su capa. Engancha el cierre, baja la capucha sobre los ojos. CORAZÓN DE MARINA. Muerto el día 25 de enero a las 7:53 de la mañana, hora española. ¿Y por qué está muerto?, pregunta un escolar en vías de extinción, con la voz un poco ronca y un par de palmos de altura por encima del año anterior. Papá se encoge de hombros. El niño bosteza y se lleva la mano a la boca. La nave de los chicos del telescopio desciende sobre el planeta burbuja. La atmósfera es densa. El aire es rojizo. Los labios de Marina están cenicientos. Las flores se marchitan. Los dos salones a la derecha, dentro de la gran urbe amurallada, están vacíos... Anfibio reflexionaba en el salón sobre la suerte de los chicos. Se entretenía en tejer una manta: ahora la tejía, ahora la deshacía. En la pantalla transparente de su nuevo compu...
Saíches da túa cápsula y dejaste que te consolara no ves que me estoy rompiendo  que las esquirlas degeneran en pensamientos no pienso escucharte soy como soy transfondo fondo y la superficie todas son eu auténtica única son o que son lembro e as feridas pechan as portas o can ruxe e o coelliño abafa o bafo na ringleira de coches non me comprendes? comprendo ben que estás só na escuridade e que a morna luz cinguiu  a túa coroa de bicos

Sin título (cuando)

Ahora, Gabriel , el del pelo corto y espeso, el del flequillo sobre la cara llena de granos propios de un adolescente y barba de tres días, que no hacía más que agravar el problema, dejó caer la misteriosa respuesta que todos estaban esperando. La niña de "los Chester" había muerto de sobredosis. Con detenimiento, la moto, una Yamaha TDM 900, se quedó reducida a una mota de polvo bajo la mirada de Carola. Lil trató de obviar todos los comentarios de Al J. en lo referente a la muerte, los titulares, la foto de prensa y la página en Facebook. Al J. se bebió la Heineken de un trago -lo que quedaba- y tiró la lata al suelo; la bota arrugó el aluminio como papel. Lili frunció el entrecejo. -No entiendo porqué se empeñan en contarnos que la culpa es de sus padres. La culpa es de esa perra blanca y gris. Desde luego es una perra con mayúsculas. No me gustaría ser su amiga en absoluto. -Yo me pregunto en qué mundo vives, Leopardo. ¿Vas a venir al concierto, peque? No entiendo qué hos...

Brunch out

Contemplas en sus ojos el caramelo de los vasos sanguíneos en esta ocasión en que la vida se traduce en todos esos ajustes en las palabras que nunca supiste decir coherentemente entonces las ninfa s hidrosolubles que se pierden entre el agua del café por la mañana bien temprano la respiración agotada y el aliento el vaho cristalino en los cristales del coche tras las gafas con las manos apretando el volante intrusivas y ordenadas sobre él bajando las escaleras hasta llegar al entresuelo sin mirar el tropezón de los días que no se desvanecen  dejando la comezón de la estupida y absurda ironía boqueando como un pez anaranjado del acuario de la entrada de los hospitales el entrecejo fruncido roto el cansancio descompuesto el sinónimo aquiesciente de tu nonagésima vida tras el gordo vidrio el gordo pez miserable en su pecera miserablemente grande y pequeña
Eran pocas las cosas que se le escapaban. El cielo ceniciento le sugirió revisar el cenicero. Callarse y estrenar el nuevo maletero. Los coches pasaban, en un intento por monitorizar los destrozos. El monitor del hospital le recordaba vagamente a los aullidos de su perra. ¿Cuántas ideas disformes pueden salir de la cabeza? Muchas. Muchas y un montón, y un montón eran muchas. No sabía que le quedaba poco. Si lo hubiese sabido no recordaría a Lena, a Raúl, ni a Meredith. Si lo hubiese sabido... Si hubiese sabido que el miedo te deja paralizado de cintura para abajo. Quería sentir ese calor que formaba parte de todo y estaba en todo. Olvidar. Dejar de sentir eso. Pensó en la mesa. La observó detenidamente. Todas las mesas son iguales -obviamente- todas con cuatro patas, con un tablero y una forma similar. Todas las mesas son iguales. No todas las que son iguales son mesas. Una gota cayó dentro del tubito transparente. La vió descender por el tubito, el tubito de un boli bic; la vio descen...

I

podía detenerse y pisar la lluvia y morder el cielo podía escuchar esa manzana y copiar el rostro insultar a todas las nubes podía en un rato la comida estaría en la mesa cejijunta y predispuesta sobre el plato vacío en un rato dejarían de sonar las tripas la rata estaba en el tejado y proyectaba una sombra y amablemente cedió al encanto de la sublime noche se dejó abatir por los rayos de luna ausente: comprendió que los días pasaban deprisa que las patas de los caballos no estaban rotas que el palo de golf estaba entero  la hierba mullida  y los días azul celeste las noches no eran frías la manta, cálida y esponjosa le abrazaba el cuerpo se perdía en sus formas de mujer confusas y a ratos la almohada dejaba surgir un grito impertinente se dijo que todo aquello era una pesadilla comprendió, rápidamente, que no necesitaba... los días eran fríos eran tediosos eran confusos estaban alegres eran dormidos puede que todo esto no explique nada, pero [entendió que cada cosa, cada reci...

Sin título (cuando)

Para Liliana todas esas cosas eran de lo más normal: Porque hacía tiempo que Liliana había decidido ser otra persona, hacía tiempo que lo había enviado todo al infierno (al suyo personal); hacía mucho que no estaba enfadada con su madre, -mucho... del tiempo en que había dejado de mortificarle tener "su" vida y no otra-; mucho, mucho para comprender que estaba harta de vivir en un mundo reducido y parásito. Si a esto nos referimos, Lili, había dejado de ser una hipocondríaca hacía tiempo; lo de ser una hipócrita la traía sin cuidado, y lo de llevarse bien con Al. J... Liliana había decidido que Al J. era un imbécil y nada ni nadie podrían cambiarlo. Esa tarde decidió que se iría con su padre, que viviría cerca de la Riviera Francesa y que cometería todos esos disparates atroces que tenían que ver con hacer lo correcto hasta estampar la cabeza. Nadie le había contado cómo afrontar los problemas, alejar los dolores, comprender a la gente y dejar de sentirse ajena. Muchas veces ...
cierra el periódico y toca la luna con la punta de los dedos ciérralo y saborea el café sobre la mesa el sabor irresistiblemente amargo, la tex tura de las burbujitas microscópicas que se pier den sobre la lengua no escojas quedarte sin sentido desvanecido como un muerto sobre el suelo toca la alfombra con la punta de los dedos la lengua que se detiene en el azucarillo la cucharilla tintineando en la taza el calor repulsivo el vaho los lentes colocados sobr e el puente de la nariz yo dejaría el puto café y el puto periódico fuera hace un día soleado
me gustan el verde, el rosa el agua de la bañera la dulce sonrisa que dejas entrever cuando te miro entras en ese estado que desconozco en la absoluta burbuja de tu impaciencia al recorrer las calles el agua que transita calle abajo abajo del vello inexistente de tu pubis

Untitled(3)

Rojas eran todas las putas luces que recordaba. El sonido que bombeaba la sangre y que le agujerea los oídos. Marisa se abstuvo de preguntarse si era un ser espectral, mientras la guardia civil hacía un parte de los destrozos y se interesaba por la muerta entre los amasijos del coche. Ella esperaba que fuera una broma. Dani había salido despedido por la luna delantera. El puto Dani, que tenía una suerte de la hostia y no se había hecho un rasguño y estaba listo para su boda y su vida y su carrera de gerifalte en la empresa de papá. Mar se sintió sobrecogida por las insinuaciones de la familia, que ya la daban por perdida, por anquilosada y por tullida, pero que no pensaban soltar a la americana, española y chica bombón que había encontrado su hijo. Marisa empezaba a cabrearse con la música; el jazz no se recompuso en su cabeza y las imágenes del accidente empezaron a estallar como un remolino. Bruno se preguntó, mientras dormía uno de esos sueños lúcidos y plácidos, bien erguido en el ...

Under color

El color de tu mente no te hace justicia y repetir... no tienes nada que repetir no cesa de tintinear la benevolencia de una voz el silencio que es el mayor grito para descubrir que es un paso más perpetuo entre el asfalto colorido de tus ensoñaciones donde los pasos atrás no existen después de todo la verdad no está escondida se recrea

Little flavour

No se trata de ser única, personal e intransferible Se trata, tal vez, de esa sensación de pertenencia de ajuste, de individualidad Los hechos cambian y nada es indivisible: Verte a través de otras personas ilusionarte y divagar detenerte en los rostros desconocidos Puede que estés equivocada que no sea necesario ubicarte En la calle todo son omisiones Cuando el color se desvanece de tus ojos y la piezas dejan de encajar No es tristeza, no es dolor No es ira No es nada conocido I love... All of ...