Ir al contenido principal

Red Planet WE 52



¡Joder, coño! El puto cuchillo. ¿Quién te ha dicho que puedes reconstruirla así?


- Es mi aura, de rojo, la desangro como me da la puta gana.


El hombre herrumbroso la miró con desdén. Nunca había comprendido a su compañera: extraña, rubia, imbécil e hipocondríaca. Desconocía si se trataba de un fallo de fabricación por exceso de silicona, y si, además, el puto casco eléctrico le había jodido todas las neuronas.

- El aura: arréglate antes la puta cabeza.


-Claro, amor.



Betánea se sentó en el sillón principal de la nave, sujetó los mandos y apretó el cuchillo sobre la luz roja, que, a borbotones, empezó a brotar del caso, de los brazos... El hombre robótico giró el rostro para no mirar. Todas esas tipas sintéticas estaban chaladas: Chakras, auras de colores, desangramientos inoportunos...


-Joder, tía, si estamos llegando ya, ¿quieres coger los putos mandos?


-¿Y la órbita? ¿Crees que va a alterarse?

-Si te digo la verdad- dijo el de metal, desde el asiento de al lado-, no sé para qué cojones os fabrican con aura y energía sintética, si luego sois todas unas putas sádicas. ¡Deja el cuchillo!

-¿Qué pasa? Si es como gas líquido. ¿Para que os hacen con sensibilidad?

'No duele, capullo.

-A mí me importa lo que una flauta marciana. Tenemos que aterrizar y los mandos no funcionan.

-Mandos... Cuatro putos jodidos botones.


-Deja de reirte que me pones nervioso, zorra. Terminaremos por estrellarnos.

-El aura no se rompe.- Volvió a reír a carcajadas.

-Ya, un escudo interespacial. Lo mío es irreparable. ¡Mira, hostia! Joder...






Scott Rohlfs



Comentarios

Entradas populares de este blog

Acertijos

-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

La Noche de todos los tiempos (2)

Y el chico de los periódicos seguía observándola mientras miraba el post-it de la nevera. Ariadna tenía los ojos de un gato, grandes y almendrados. A Ariadna no le parecía extraño el sueño del gato, la leyenda extraña de La Noche de Todos Los Tiempos; no le resultaba extraño el paseo de la vecina hasta la puerta de su casa, para pedirle café, o azúcar, o sal. La habían acogido fenomenalmente bien, y, pese a la fama de pueblo sonámbulo y taciturno, las fiestas que se despachaban en las casas de los vecinos día sí y día también, contradecían las opiniones de los foráneos. En ese momento, entraron Carlos y Azuzena. Una brisa suave se acercó desde el jardín de atrás; escuchó como se cerraba la puerta. Los dos chiquillos aparecieron sucios, con el pelo enmarañado y la ropa destartalada. Se sentaron a la mesa y exigieron su merienda y Ariadna los envió a lavarse las manos, aunque, en realidad, necesitaban una buena ducha. -¿Encontrasteis al conejito?- preguntó Ariadna, abriendo la nevera pa...

Una penúltima carta desde fantasía

Te quiero, pero eso no implica que sea permanente. Te miro, y no encuentro el instante. No sé dónde o cuándo y no me importa, porque la rueda gira y las páginas del libro se han cerrado. [Sigue leyendo] Cuando me vaya a dormir está noche dejaré la sensación de tu pérdida regresaré al lugar en que debo estar sin saber calmada proyectada en una nube de insomnio derretido. Las palabras que ahora no preciso: añorarte es suficiente pensarte es interesante buscarte es indiferente amarte es el sugerente modo en que dentro de mi pecho el calor se expande y el frío cesa arrellanada en el sofá, incesantemente alegre en el abrazo de lo que está perdido. La lucha ya no es persistente y empezar es necesario cada día, cada día en que el sofá se reblandece, incómodo en su incomodidad, acostumbrado al tacto de mi mano, a las noches que se extienden alejada de la cama, sin su manta y sin su gato.                   ...