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Mostrando entradas de octubre, 2012

Rock Rose

Entre las flores del jardín apareció una mano. Semienterrada. No era una mano cualquiera. Era una mano pequeña, pálida, blanca, gomosa. Era Rock Rose. Era la muñeca de mi vecina. Tenía mordisqueado el cuello y rota la cara. Rock Rose vivía en una casa con jardín del siglo XVI, con balcones algo destartalados. Rock Rose compartía la casa con una muñeca. Rock Rose dejó la taza de rosa mosqueta sobre la mesita y vistió a su muñeca. Rock Rose deshizo el cuento y se acostó en la cama, entre sábanas negras. Rock Rose dejó el baile, el instituto y los acoplamientos fortuitos en los asientos traseros de los coches de sus amigos. Se unió a una banda de rock y dejó unos cuantos discos grabados antes de morir. Rock Rose fue importante. Le falta un ojo. Tendré que coserle los brazos. Tendré que pintarle la piel, recortarle el pelo, deshacerle las uñas. Tendré que pisar el césped. Rock Rose me observa desde el ático, por un pequeño agujero en la pared de madera. Rock Rose ha dejado de visitarme por...

some witches (El pescador)

Debajo del letrero de la lechería, un piso por debajo, en la casa pequeña y acogedora de las hermanas Flop, vive un colmillo de sapo. Alguien me explicó una vez qué es un colmillo de sapo. Los de la lechería no quieren bajar el piso a menudo; han colocado una escalera en el lateral de la casa para no encontrarse con colmillo de sapo. Alguien me explicó una vez quien era Colmillo de Sapo. Jeremías y `Salitre´ se descuelgan por la ventana ( Todo esto antes de la escalera de mano y las perrerías de la mascota de las vecinas, las dos hermanas gruñonas y extrañas del piso de abajo de la casa de dos pisos, en la urbanización de los Arces Celeste y los Picos Bajos). La lechería ha pertenecido a sus padres, y antes a sus abuelos, y antes a los abuelos de sus abuelos, así generación tras generación hasta reconstruír el piso de abajo y  alojar a las dos extrañas hermanas, que no trabajan en  la lechería pero tienen uno de esos sapos colmillo que los tiene aterrorizados). La gente del pu...

Nothing

Intentas ajustarte a mis ensoñaciones, pero no eres nada nuevo. Bajas la calle con la falda impolutamente blanca y lisa, con el ropero a medio vaciar, de viaje hacia Venecia, hacia sus ríos acanalados y sus frisos antiguos y sus emancipaciones - hacia las máscaras-. Te veo bajar la calle con las rodillas flexionadas, con el corazón medido por el pulsómetro, corriendo, frenando en cada paso. Te pierdo de vista. Suena el teléfono. María se duerme sobre el teclado del ordenador. El artículo llegará tarde y la despedirán del trabajo. Será lento el deambular por las calles; mientras, tú, con tu falda verde cemento... Ese otro con sus pantalones de deporte y los anchos pectorales y la respiración armónica... será tarde para detener su caminar hacia la vía del tren. El paso a nivel. María no quiere un nuevo trabajo. Sigue observando por la ventana del piso 12 del edificio nuevo con sus nuevos prismáticos. El rifle apoyado en el hombro y un único disparo que no acierta el blanco. Como...

La camiseta de rayas

Cuando a alguien no le importas te conviertes en el último abrazo en un últmio suspiro en una balsa de aceite en mitad de un océano de lágrimas falsas Cuando giro y grito, cuando leo lo que escribes cuando observo hacia el pasado y descubro todo lo que no hice todos los momentos infinitos Pinceles,  agua y coca-cola el agua perdida en la carretera un último adiós y la nostalgia perdida como un ente la mano agitada en el aire el tiempo... deslizándose y un sarcófago repleto un pijama, una mano azul, un lugar al que no quiero volver nunca se pueden guardar muchas cosas en cofres: se puede guardar la tristeza y la desesperanza se puede guardar la furia casi podríamos guardar a la alegría como una intrusa Gris