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Rojo



Estaba sobre el tejado negro de ceniza, sobre su vida desenmascarada, sobre sus heridas cerradas- las que podía abrir, cerrar, hacerlas sangrar-. ¿Cuánto poder tienes? Pero no lo sabes, porque las falsas expectativas te hacen vacilar. Eso es lo que crees, por ese rasguño y todas las consecuencias; aunque sobre el tejado puedes volar y convertirlo en algo blanco y puro. Es tu lugar: ese desde donde puedes contemplarlos, contemplar la ciudad, contemplarte desde fuera. Llega, te susurra palabras incomprensibles y te dejas caer... tus alas se despliegan para sostenerte y caes, caes, caes, hasta elevarte, hasta contenerte, hasta poder sostener tus propias alas y volar. Siempre eres así, pero, en ocasiones, se te olvida. Sentiste el
paraíso de su mente, de la tuya, tal vez puedas perpetuarlo, enlazarlo, pero comprender, oh, comprender está reservado a los dioses...




Déjate caer, déjate caer, al menos eres un águila, déjate caer sobre el viento: Ahora. el viento es el latido, el viento es el alma, el viento... Los lobos conocen el viento y tú conoces bien a los lobos, los lobos del Bosque Rojo.

Bosque Rojo?
João Arraes
¿Qué es Bosque Rojo

quién es Bosque Rojo?    Todos tenemos uno, nos perdemos entre los árboles y encontramos lobos que olisquean el viento, lo escuchan, se pierden en sus misterios.

Tic-top. La calma. La esperanza.
No pensar. El calor
Te recuerdo

tu puedes ser uno de los lobos del bosque. Puedes amar a los lobos.

lobos. Ojos azules, palabras. con ellas abrirás las puertas del mundo.

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-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

Figuras

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