Es impensable, Casi-Tom Holl, que la niña se haya llevado una muñeca. Es tétrico, Casi-Tom Holl. Casi- Tom Holl no dijo nada. Volvió a la parte de atrás de la tienda y siguió fabricando muñecos de paja. Rebeca acudió a la tienda de Casi-Tom a la mañana siguiente. La muñeca había crecido tanto, tanto, que ya no cabía en la casa. Había crecido en edad, lo cual era bueno, porque acompañaba a su hermano cuando ella estaba en la escuela, pero había crecido en tamaño, lo cual era malo, porque ya las piernas salían por las ventanas, y el pelo por la chimenea, y allí no cabía ni un alfiler. Tom Hollow le cambió la muñeca por un tren que le llevaría a cualquier parte. ¿A cualquier parte que yo quiera, pregunto Rebeca? -A cualquier parte. Lárgate. Rebeca pensó en ir a Normandía. Rebeca pensó en lo siniestro que era a veces Casi-Tom Holl. Regresó a Hollow veinte años después. Tom no estaba. Salió un chico de cabello espeso, con vaqueros, zapatillas y una camiseta roja estampada. I hate you so muc...
naif, género negro, chick-lit y microrrelatos - Mi blog de literatura, reflexiones, poemas y otras construcciones mentales: Entre el surrealismo y la ciencia ficción