-Ella... ¿quién es ella?- El relojero se quedó pensativo, con las manos lacias frente a la mesa, con el reloj a medio terminar importunándole muy cerca.- Ella no es nadie, nadie más que tú, quiero decir.
Argentus no se sintió muy cómoda con la respuesta. Retocedió, miró a la mujer extraña y se encogió en un rincón. El relojero desapareció entre una nube de luz y de polvo; el relojero desapareció tras la mujer de la rosa de sangre y la cara entumecida, y todo lo demás reapareció en cuestión de segundos: la casa, sus escaleras, sus sonidos, sus flores, sus plantas y todas sus rosas verdaderas.
Hasta aquí, puedo comprender que Ana no era las demás: era todas, era el alambre, era el equilibrio, era la armonía..., aunque Ana, Ana Argentea, no era, en realidad, ninguna de todas estas cosas; sólo era.
Es cierto que le intrigaba saber dónde se había marchado el relojero, dónde estaba la mujer de la mueca pintada, de los ojos sangrantes. Historias del pasado y en el pasado deben quedarse. Pienso que, tal vez, en el instante en que quieras descubrir quién es la verdadera Ana, querido lector, descubras que la verdadera Ana es un producto de tu imaginación y que, después de todo, las historias empiezan y terminan con un final inesperado, que no desvela los misterios, que deja que seas tú quien los termine. Ana Argentea es una persona real y como tal no necesita ser explicada, pero, si quieres, te desvelaré pronto todos los misterios de las otras damas y de cómo Ana regrsó a casa, y dónde, finalmente, puedes encontrar al relojero.
[PRIMER FIN]
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Uma Serendipity Doll da ilustradora Kukula |

Una buena historia, intrigante primer final, un placer Raquel
ResponderEliminarsaludos
Gracias :)
ResponderEliminarUn abrazo!