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Chess

-¿Pesadillas de cuáles? -Simplemente pesadillas, cabeza de alfiler. Duérmete.  Y se durmió todo el tablero, con la excusa de que el hombre que sueña, dormía mucho.
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Ches(s)t

Un hueco, un hueco en la pared y un mastodonte inquieto deslizándose entre todo ese tráfico lento y fluido. Rebasaba todos los elementos que pudiera haber en su cabeza. Dormido, con la cabeza recostada sobre un alfiler, se preguntó si era demasiado pequeño para comprender. '¡Un agujero, aquí, aquí, en un sitio que no puedo comprender!' -chilló. -¿Y qué le contestó el calcetín? -Que estaba demasiado loco para comprender nada. -¿Y el alfiler? -El alfiler comprendió, muy sesudamente, que era pequeño en tamaño, pero que su mente era grande. Ajedrez de Castelar Grande, tan grande como el camión de leche con dos tarros ensartados y que siempre les parecía un autobús. Espachurramiento con riesgo de paro cardíaco. -¿Qué te dije yo, caballo? -Que la partida no se gana si no aprendo. ¿El hombre aprendió algo?- preguntó el pequeño caballo negro. -Mucho-y enumeró cosas-: Aprendió a conducir en silencio, a no saltarse los semáforos en rojo y a dormir en su cama y no soñar con alfileres. -¿Q...

En la tienda de Casi-Tom Holl

Es impensable, Casi-Tom Holl, que la niña se haya llevado una muñeca. Es tétrico, Casi-Tom Holl. Casi- Tom Holl no dijo nada. Volvió a la parte de atrás de la tienda y siguió fabricando muñecos de paja. Rebeca acudió a la tienda de Casi-Tom a la mañana siguiente. La muñeca había crecido tanto, tanto, que ya no cabía en la casa. Había crecido en edad, lo cual era bueno, porque acompañaba a su hermano cuando ella estaba en la escuela, pero había crecido en tamaño, lo cual era malo, porque ya las piernas salían por las ventanas, y el pelo por la chimenea, y allí no cabía ni un alfiler. Tom Hollow le cambió la muñeca por un tren que le llevaría a cualquier parte. ¿A cualquier parte que yo quiera, pregunto Rebeca? -A cualquier parte. Lárgate. Rebeca pensó en ir a Normandía. Rebeca pensó en lo siniestro que era a veces Casi-Tom Holl. Regresó a Hollow veinte años después. Tom no estaba. Salió un chico de cabello espeso, con vaqueros, zapatillas y una camiseta roja estampada. I hate you so muc...

Los cuentos se han dormido

Pálido caballo volador de madera es tu cuerpo y tu cabeza con clavijas Pálido caballo volador de mis cuentos infantiles golondrina Apreto aquí o allá AL GIRAR A LA DERECHA O A LA IZQUIERDA NO SON COSA BALADÍ LAS HOJAS DE LOS CUENTOS Al caminar sobre el hielo al fundir la mirada en un espejo al escuchar una voz el estruendo de un trueno la página del libro troquelado el 'pop'up de los dibujos ilustrados el caballero andante loco estaba y de ello se jactaba su cabeza dejadme perseguir jinetes o corsarios sajones o normandos buques ingleses... mis ojos sobrevolarán todas las ciudades ergo intuyo que los cuentos se han dormido en la biblioteca de Arthur Horse

En la tienda de Casi-Tom Holl(...)

Érase una vez un hombre de paja. Uno de esos monigotes que te encuentras en las tiendas medievales ensartado en un soporte para muñecos. El juguetero era un hombre gruñón y sin pelo. El  juguetero tenía un montón de hombres de paja, todos repetidos, en la trastienda. Sonó la campanilla de la puerta. Entró Rebeca. Rebeca tenía quince años y quería un juguete para su hermano. Era Navidad. Hacía frío fuera; Rebeca se quitó las manoplas, dejó la bufanda sobre el mostrador y observó los muñecos. Le recordó a alguien el hombre de paja, con su nariz de paja y su sombrero de fieltro de ala ancha. -¿Puedo llevarme este, Tom? -Mi  querida niña, ya sabes que este, este de aquí, no es un juguete. Rebeca frunció el ceño. La señora de Tom Hondo esbozó una sonrisa tras el mostrador. Le entregó a Rebeca una muñeca. Rebeca protestó. -Dile que es una muñeca especial, Rebeca. Y en efecto lo era, porque no dejaba de crecer. El hombre de paja bostezó. Eran casi las doce.

S.T. El reno de Santa. 24

Debajo del árbol de navidad, el árbol flaco, deshojado y esmirriado, alguien dejó unos cuantos regalos. Estaban todos etiquetados, de modo que buscaron entre los compañeros de piso quién había sido el que... Pablo pregunta si Vane, Vane preguntó si Borja... Borja preguntó... ¿has sido tú Laura? Nadie. Ninguno. El reno, el que estaba en el tejado, el reno al que Santa le estaba tapando la boca... y que le provocaba la risa. -Ruuudooolf- bramo Klaus-. ¿Alguien te ha dado permiso para etiquetar regalos? El reno negó con la cabeza. -Creo que he oído algo Sara. -Borja, tú crees que... -Yo no creo nada, pero había pedido unos patines. -¿Qué hay en tu caja, Vane? -Gafas. De sol. Polarizadas. -¿Y en la tuyo Greminity? -En la mía hay bombones. ¿Quién...? -preguntó Claudia. Los chicos oyeron un estruendo. -¿Un trineo volador? -Esto es una broma chicos. -Y eso es...  -Vane señaló a la ventana. Los renos, el trineo y un señor vestido de verde se alejaron de la casa.

Erik-A (Enter)

Erik-A abrió la puerta y subió la escalera. Los reptiles vivos del pasamanos le produjeron un inequívoco espanto, asco, pena: Allí enroscadas, para siempre. Siempre era mucho tiempo. La casa era poliédrica y los cuadros la miraban al subir. Los vio tras sus gafas con y sin cristales. La obnubiló una luz. En el piso de arriba encontró una habitación vacía. Se sentó. Las cosas cambiaban rápidamente; el mobiliario; las cortinas ; la cama. Erik-A tenía sueño, pero no podía dormir hasta encontrar la caja. Vomitó en el suelo. La persiguieron las luces blancas y encontró la esfera. Erik no era su compañero. Erik era... ¿Quién era Erik? Erik- A se durmió en el suelo frío, distante de todo lo que no era ella. ¿Quién era Erik-A? Erik-A se convenció de que no era una intrusa, los cuadros no pensaban lo mismo, el de la pared no pensaba que... No pensaba entregarle la esfera, que derramó el líquido, que perdió su contenido y no servía para volver a casa, o puede que... El intercomunicador estaba ap...

Figuras

Mis sueños están acompañados de briosas sombras de corceles negros Busco en los anaqueles de la biblioteca unos legajos sobre el sueño extenso que mi desasosiego calme y en paz me sostenga esperando el postrero solsticio la Navidad sorda y muda con su árbol hecho de libros, de fieltro, de estanterías Mi lecho está lleno de corceles blancos de nubes y brumas de blanca añoranza mas lo que no ha de salir sale y lo que ha de salir espera en el negro horizonte de la noche Cuando amanece llega el jinete sin cabeza intuye que el hueco sobre el... Sólo las pesadillas caben dentro de un sueño. Estatua. Has vencido. Al tejido horario; la hora de Londres, la hora de Roncesvalles Entre muchos huesos el jinete encontró su cabeza y ahí sigue. Así les doy forma a mis muñecos con embalsamado artístico. Figuras.

ZOOM

El perro que esperaba en la puerta moviendo la cola y yo sin saber si lo que tenía que hacer era dejarme la piel intentando escribir mi novela o dejarlo ir. Él y yo nos conocemos, es obvio, lleva conmigo toda una vida, de contenedor en contenedor. Puede que, algún día se me pase el hambre y el frío, puede que algún día... Mientras, espero sentado en el banco del parque. No he comido nada en unos cuantos días. La verdad es que no noto nada en las tripas, ni siquiera me llama la atención el olor de el trozo de pizza de pepperoni que la chica de los pantalones ajustados engulle a toda prisa camino del trabajo. En realidad tampoco me fijo en los pantalones, en los zapatos caros y en el cochecito de bebé que pasa veloz perseguido por el tipo de las mallas. El perrito mueve la cola y me sonríe, yo procuro sonreírle y me duelen los dientes. Creo que son las encías o creo que es la soledad la que me duele. Pienso en cuanto queda para llegar a mi sitio en el parque. Me pregunto si pienso. El...

Dolls

En efecto, la muñeca estaba triste , aunque la habían reconstruido. Alguien la envío con matasellos hasta la casa de muñecas. Una casa grande, bonita, donde cabían desde las muñecas más esperpenticas ( y muñecos), hasta las más bonitas. Las había de porcelana; con el pelo dorado; pelirrojas; con traje de época; medievales; de goma, de fieltro y hasta de corcho. -¿De corcho? -Es lo último que se me a ocurrido -le contestó el juguetero a Rudolf. Rudolf tenía la nariz roja por el frío. - ¿Y qué hay de Brujas? -Brujas está en Bélgica, pero es cierto, que, en parte, existe un lugar en donde puedes encontrar unas cuantas El reno le interrumpió. No estaba para esos juegos mientras se acercaban las navidades y aún no había pedido sus cuatro deseos. En el apartamento los chicos se cansaron de criticar a la chica que había encontrado a Rock Rose entre la maleza. Clara decicdió que quería pintarse las uñas. Ernesto dejó la cerveza y se acercó un poquito a la chimenea... sólo un poquito- dijo. La ...