A Marisa le gusta mirarse en el cristal de los escaparates, caminar por las calles para hacer fotografías, pasear con su perro y jugar al golf. A Marisa le gustan las cosas sencillas, la gente sencilla y los días lluviosos. Le gusta sentarse en una terraza atestada de gente y observar a los viandantes. Las clases en la "uni" habían sido a ratos tediosas y a ratos interesantes. Nadie podría sospechar, que la chica estirada, esbelta, impertinente y pecosa, sentada frente a una mesita de uno de los más elegantes cafés de la ciudad de sus sueños, se hubiese licenciado en derecho. Marisa siempre lo veía todo torcido, como la torre de Pisa, aunque era americana hasta la médula. Así era Marisa; llena de contradicciones, de fantasías, de certezas irresolutas e irresolubles. Temerosa, irresponsable y muy sensata. El corpachón atlético de su amigo Bruno se dejó caer sobre la silla sin avisar. -¿Qué tal con tus tíos?- preguntó Marisa. La sonrisa traviesa recayó en la cara de Bruno. Br...
naif, género negro, chick-lit y microrrelatos - Mi blog de literatura, reflexiones, poemas y otras construcciones mentales: Entre el surrealismo y la ciencia ficción