El perro que esperaba en la puerta moviendo la cola y yo sin saber si lo que tenía que hacer era dejarme la piel intentando escribir mi novela o dejarlo ir. Él y yo nos conocemos, es obvio, lleva conmigo toda una vida, de contenedor en contenedor. Puede que, algún día se me pase el hambre y el frío, puede que algún día... Mientras, espero sentado en el banco del parque. No he comido nada en unos cuantos días. La verdad es que no noto nada en las tripas, ni siquiera me llama la atención el olor de el trozo de pizza de pepperoni que la chica de los pantalones ajustados engulle a toda prisa camino del trabajo. En realidad tampoco me fijo en los pantalones, en los zapatos caros y en el cochecito de bebé que pasa veloz perseguido por el tipo de las mallas. El perrito mueve la cola y me sonríe, yo procuro sonreírle y me duelen los dientes. Creo que son las encías o creo que es la soledad la que me duele. Pienso en cuanto queda para llegar a mi sitio en el parque. Me pregunto si pienso. El ot...
naif, género negro, chick-lit y microrrelatos - Mi blog de literatura, reflexiones, poemas y otras construcciones mentales: Entre el surrealismo y la ciencia ficción