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Mostrando entradas de noviembre, 2011

El relojero (1)

La ventana estaba abierta y sus ojos cerrados de par en par. Las ramas golpeando en los cristales. Un estallido tras otro, un gemido, un quejido, un crujido imperceptible entre el viento y el amasijo de hojas arremolinadas a los pies de la casa. El niño se había dormido. La jaula de los pájaros no cantaba. El agua goteaba del grifo del baño. Bajó los escalones, hundida en la bata marrón. Sus pies obviaron un trozo de cristal roto al entrar en la cocina, se perdieron, uno por uno, en las baldosas amarillas, en el olor del café que surgía de la alacena, la mano brotando del bolsillo para coger el paquete cerrado con una pinza de plástico naranja para bolsas. Un coche pasó rozando los setos que bordeaban el sendero, se adentró con una maniobra inesperada y quedó insertado entre los árboles y el césped,  a medio camino de destrozar los parterres y las petunias que se había comido el perro. El lactante aulló en la cama; los ojos aguamarina de Ana observaron al hombre cruzar la puerta co...

En 3 palabras

Un gato en el tejado, un botón y una ardilla, con estas tres cosas podría escribir un relato de esos adornados con vacuos acontecimientos y personajes desencajados y vueltos a juntar, como muñecos rotos entre las teclas. El silencio es apabullante en la biblioteca, el aliento podría cortar el aire entre el frío y la intensidad de los pensamientos. [...] Ahora es por la tarde y ya no me gusta jugar al mismo juego de antes. [...]  Todo se ve diferente al atravesar la ventana, los ojos empañados por la humedad del aire y la energía que acompaña mis movimientos, tan poco habitual, me deja poco espacio para entretenerme en cosas fútiles. De cualquier modo, hace varios días que no me encuentro muy bien: mi piel se ve pálida, la mirada perdida, la sonrisa muerta; y, entre todos estos jirones de días que llegaran a su fin, el hilo de la trama se desenreda mientras tecleo. Mi gato camina sobre las letras cuando ya lo he obviado. La luz no me deja escribir, me ciega rotundamente; me levanto ...

Flautasía y un cumpleaños menos, en esas estoy: dos razones.

He descubierto que tengo un chakra colapsado; también que es la parte que pertenece al pretérito, y además ahora sé que me puedo poner un poquito más pálida. Berta me llama princesa, la princesa ha abierto los ojos esta mañana, ha dejado que el dolor se expanda y viaje ( querida Reina de Corazones- de las que no cortan cabezas, sino que las recomponen-), y ha nombrado lo innombrable, porque el miedo tiene ahora dos razones. Sin riesgo no existen las sorpresas,ya que el maestro aparece cuando el alumno está preparado. No quiero, no puedo saber qué me depara el futuro, el aquí y ahora es lo mejor y lo único, esa necesidad de comunicarse, de reír o de llorar -¿ por qué no?-, de encarmarse a las alturas y contemplarte desde lejos, un simple observador. Imaginé rosa, esa luz que puedes entregarle a quien tu quieras, esa luz que, a mi espalda, me hizo sentir tanto. No existen los absolutos, la vida es un continuo aprendizaje, los obstáculos algo pasajero. ...

Venecia

Sangre en los labios, frío; los dientes y las encías amoratadas y no era un vampiro (¿o sí?) Ahondaba el otro día en los miserables instintos de estos seres no tan abominables -sentado a horcajadas en una silla-, en la construcción y el origen de su leyenda, en el insinuante traducción de la palabra undead ; nada que ver con los zombis. Desde el Drácula de Stoker, no dejo de buscar un simbolismo que los ate a nuestro mundo, el de los humanos y las "otras criaturas que se mueven". Hace tiempo que he reinventado el termino, dejando salir una nueva especie: perdí los malditos apuntes cuando salí de Alemania. En alguna parte de mi cerebro conservo los restos de una historia; me pregunto si podré reconstruirla y traer a la vida de nuevo la verdad que yo conozco.  Realizar mi empresa no carece de graves inconvenientes: por el momento, todo parece estar detenido, congelado. En el vagón del tren aerosuspendido, entre los amasijos de lo que fue una ciudad espléndida, cerca del Puente ...

Sin decapitaciones, sólo relojes.

Al fin, el reloj sólo era un reloj  estropeado y la niña no trató de perseguirlo, no rodó ladera abajo para entrar en su cubil. El Conejo Blanco esperó que Alicia preguntara por qué tenía prisa, el motivo de su histerismo cuando acercaba el reloj a su oreja temblorosa para escuchar unas manecillas que se oían con retraso. Para Alicia no era importante el tiempo, puesto que Alicia apenas era una niña y dormía plácidamente al pie de un árbol. ¿Y qué importancia tiene el tiempo para un Conejo de cuento? Llegar tarde a la casa de un sombrerero no es motivo, aunque sea el Sombrerero Loco. Observándolo todo desde fuera, tuve la absurda conciencia de que la gente se cree cualquier historieta e imagina que en ella está la verdad absoluta de su autor. Alicia sólo buscaba al Gato de Chesire.

Azul de φοίνιξ

En algún lugar de las vastas escaleras vislumbró un punto. Pequeño, incongruente, innecesario. Peldaño a peldaño, el punto se transformó en una mancha, en un dibujo, en una persona, y la persona en una estatua. No encontró sentido a sus formas desdibujadas, al color que teñía el mármol, a la sutil decadencia sorda de los ojos teñidos de azul, uno de esos azules grisáceos y claros, uno de esos azules que recuerdan a un cielo color de cielo desteñido, lavado, ausente de nubes, pletórico de agua y de cemento. En las pupilas de la estatua anidaba un ave, tan extraña como la figura, con su nido repleto de pequeños pájaros que se prendían fuego y renacían sin cesar, a cada momento, intercambiando el color del azul por color de ascuas , de cenizas, de aves exóticas recreadas en el instante de una mirada taciturna. En vano bajó las escaleras y las volvió a subir, preguntándose, inquiriendo, rebuscando en su memoria el nombre de la estatua, de los pájaros, del viento que se teñía de malva con s...

Ann

Ese intenso momento en que pude describir la ira y no quise hacerlo, cuando la sentí como una bola ardiendo en el estómago, cuando dejé que succionara mis vísceras y mis entrañas, cuando quedé golpeada y aterida, merced al tiempo y los malos deseos. Yo creo mi propia realidad, en cada movimiento, reina de mi tablero a cada paso, descubro que el suelo irisado y desnudo me nubla la vista, que no escucho los sonidos de la calle, los coches a través de la ventana cerrada. Una vez, en un país lejano, creí ser otra persona; medité en los cambios, me desvelé incrustando un caleidoscopio de sueños en mis fantasías, y, al despertarme, me descubrí en otro lecho, entre inconstantes respiraciones que se retorcían a mi alrededor, como sombras. Las sombras se fueron, dejaron paso a pequeñas gemas de colores, que se fundieron dentro de mis ojos.                           ...

Celeste

los beats de la música                los colores esparcidos nemotecnia          en papel           dibujos coloridos           los folios de colores           de una lista entre el amarillo         el rosa el verde el azul celeste...