El ilusionista se quedó sentado tras la mesa, hilvanando pensamientos monocordes sobre un truco que no conseguía realizar. Le resultaba imposible recuperar una historia rota, que, junto a su amigo, hacía mucho tiempo, había construido entre máscaras, lápices de colores y hojas de papel amarillento. Dejó caer los párpados y se encontró dentro del mismo sueño que lo había transportado a Luminalia, y que le había dejado aquel resquemor en el vientre. Él se acercó con su vestimenta de paja y su cara de cristal, y el ilusionista, vestido de azul de los pies a la cabeza, supo que no despertaría. No se trataba de una de sus invenciones. Su último, sublime y mágico momento de inspiración terminó con sus huesos en una urna cenicienta y llena de polvo. El muñeco de paja observó su cara mugrienta y su pelo descolorido, tiró de los hilos y movió la marioneta sin compás: - ¿Tienes todo lo que necesitas por aquí?- le preguntó a su amigo. - Todo- contestó la marioneta-. Volveremos a Luminali...
naif, género negro, chick-lit y microrrelatos - Mi blog de literatura, reflexiones, poemas y otras construcciones mentales: Entre el surrealismo y la ciencia ficción