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cierra el periódico y toca la luna con la punta de los dedos
ciérralo y saborea el café sobre la mesa
el sabor irresistiblemente amargo, la tex
tura de las burbujitas microscópicas que se pier
den
sobre
la

lengua
no escojas quedarte
sin sentido desvanecido como un muerto sobre
el suelo
toca la alfombra con la punta
de los dedos
la lengua que se detiene
en el azucarillo

la cucharilla tintineando en la taza
el calor repulsivo
el vaho

los lentes colocados sobr e el puente de la nariz

yo dejaría el puto café y el puto periódico
fuera hace un día soleado

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-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

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