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I







podía detenerse y pisar la lluvia y morder el cielo
podía escuchar esa manzana y copiar el rostro
insultar a todas las nubes
podía

en un rato la comida estaría en la mesa
cejijunta y predispuesta
sobre el plato vacío
en un rato dejarían de sonar las tripas
la rata estaba en el tejado y proyectaba una sombra
y amablemente cedió al encanto de la sublime noche
se dejó abatir por los rayos de luna

ausente: comprendió que los días pasaban deprisa
que las patas de los caballos no estaban rotas
que el palo de golf estaba entero 
la hierba mullida 
y los días azul celeste

las noches no eran frías
la manta, cálida y esponjosa le abrazaba el cuerpo
se perdía en sus formas de mujer confusas
y a ratos la almohada dejaba surgir un grito impertinente

se dijo que todo aquello era una pesadilla
comprendió, rápidamente, que no necesitaba...

los días eran fríos
eran tediosos
eran confusos
estaban alegres
eran dormidos

puede que todo esto no explique nada, pero
[entendió que
cada cosa, cada recipiente, cada diminuto pedazo
estaba en su sitio



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