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En la tienda de Casi-Tom Holl(...)



Érase una vez un hombre de paja. Uno de esos monigotes que te encuentras en las tiendas medievales ensartado en un soporte para muñecos.
El juguetero era un hombre gruñón y sin pelo. El  juguetero tenía un montón de hombres de paja, todos repetidos, en la trastienda.

Sonó la campanilla de la puerta. Entró Rebeca. Rebeca tenía quince años y quería un juguete para su hermano. Era Navidad. Hacía frío fuera; Rebeca se quitó las manoplas, dejó la bufanda sobre el mostrador y observó los muñecos. Le recordó a alguien el hombre de paja, con su nariz de paja y su sombrero de fieltro de ala ancha.

-¿Puedo llevarme este, Tom?
-Mi  querida niña, ya sabes que este, este de aquí, no es un juguete.

Rebeca frunció el ceño. La señora de Tom Hondo esbozó una sonrisa tras el mostrador. Le entregó a Rebeca una muñeca. Rebeca protestó.

-Dile que es una muñeca especial, Rebeca.
Y en efecto lo era, porque no dejaba de crecer. El hombre de paja bostezó. Eran casi las doce.

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