Un gato en el tejado, un botón y una ardilla, con estas tres cosas podría escribir un relato de esos adornados con vacuos acontecimientos y personajes desencajados y vueltos a juntar, como muñecos rotos entre las teclas. El silencio es apabullante en la biblioteca, el aliento podría cortar el aire entre el frío y la intensidad de los pensamientos. [...] Ahora es por la tarde y ya no me gusta jugar al mismo juego de antes. [...] Todo se ve diferente al atravesar la ventana, los ojos empañados por la humedad del aire y la energía que acompaña mis movimientos, tan poco habitual, me deja poco espacio para entretenerme en cosas fútiles. De cualquier modo, hace varios días que no me encuentro muy bien: mi piel se ve pálida, la mirada perdida, la sonrisa muerta; y,
entre todos estos jirones de días que llegaran a su fin, el hilo de la trama se desenreda mientras tecleo. Mi gato camina sobre las letras cuando ya lo he obviado. La luz no me deja escribir, me ciega rotundamente; me levanto para cerrar las contras de la casa vieja, la misma en la que se quedó ella, sola, como deben estarlo los asesinos de almas.
entre todos estos jirones de días que llegaran a su fin, el hilo de la trama se desenreda mientras tecleo. Mi gato camina sobre las letras cuando ya lo he obviado. La luz no me deja escribir, me ciega rotundamente; me levanto para cerrar las contras de la casa vieja, la misma en la que se quedó ella, sola, como deben estarlo los asesinos de almas.
Comentarios
Publicar un comentario