Ir al contenido principal

some witches (El pescador)




Debajo del letrero de la lechería, un piso por debajo, en la casa pequeña y acogedora de las hermanas Flop, vive un colmillo de sapo. Alguien me explicó una vez qué es un colmillo de sapo.

Los de la lechería no quieren bajar el piso a menudo; han colocado una escalera en el lateral de la casa para no encontrarse con colmillo de sapo. Alguien me explicó una vez quien era Colmillo de Sapo. Jeremías y `Salitre´ se descuelgan por la ventana ( Todo esto antes de la escalera de mano y las perrerías de la mascota de las vecinas, las dos hermanas gruñonas y extrañas del piso de abajo de la casa de dos pisos, en la urbanización de los Arces Celeste y los Picos Bajos). La lechería ha pertenecido a sus padres, y antes a sus
abuelos, y antes a los abuelos de sus abuelos, así generación tras generación hasta reconstruír el piso de abajo y  alojar a las dos extrañas hermanas, que no trabajan en  la lechería pero tienen uno de esos sapos colmillo que los tiene aterrorizados). La gente del pueblo se queda sin leche, la que no tiene vacas, claro está, y los hermanos de la lechería no aciertan a cuidar de las suyas, encerrados, mirando hacia abajo por la ventana, intentando saber cuando la terrible mascota asomará las fauces por el enrejado. Marina se arma de valor y la primera forma de bajar que se le ocurre consiste en un a cuerda de sábanas; tiempo después construyen una salida alternativa en la pared oeste de la pequeña casa, donde da el sol todo el día. En mi opinión, ni los sapos colmillos son tan fieros ni las hermanas que viven bajo la Lechería Los tres Sauces son brujas, aunque todo el pueblo cree que las Southertong han venido para terminar con la larga sucesión de los negocios del pueblo: mercerías, tiendas de chuches, quioscos y demás centros de ocio se ven amenazados. ¡Oh, horrror! ¿Qué hacer? Llamar a la policía. El inspector Gutiérrez, y los mellados acompañantes, instruidos en el uso de la porra y los grilletes, tiene la solución. Y se sucede una nueva quema de brujas. Pero esta vez la leña no arde y el sapo colmillos ulula en la jaula de canes de la perrera municipal. El cielo se engrisa y las pestañas de la gente comienzan a caerse, y el pueblo ya es conocido como el de la gente sin pestañas, pronto sin pupilas, pronto de ojos blancos. Pronto calvos y pronto ciegos.



                                                                              ***



Estaba en uno de esos días grisáceos, sonó el timbre y encontré la leche en la puerta, dos niños de cabellos albos y una nota colgando del buzón del correo. "Salimos corriendo hacia Transilvania. No entienden la diferencia entre los vampiros, las brujas y los sapos colmillo, que no tienen nada que ver con nosotras". El castillo sigue habitado, la muchedumbre ha recuperado la vista, y la pira, de señal, boato y centro turístico. Cuando me dedico a pescar, oteo el horizonte, por si las veo pasar en escoba.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Acertijos

-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

La Noche de todos los tiempos (2)

Y el chico de los periódicos seguía observándola mientras miraba el post-it de la nevera. Ariadna tenía los ojos de un gato, grandes y almendrados. A Ariadna no le parecía extraño el sueño del gato, la leyenda extraña de La Noche de Todos Los Tiempos; no le resultaba extraño el paseo de la vecina hasta la puerta de su casa, para pedirle café, o azúcar, o sal. La habían acogido fenomenalmente bien, y, pese a la fama de pueblo sonámbulo y taciturno, las fiestas que se despachaban en las casas de los vecinos día sí y día también, contradecían las opiniones de los foráneos. En ese momento, entraron Carlos y Azuzena. Una brisa suave se acercó desde el jardín de atrás; escuchó como se cerraba la puerta. Los dos chiquillos aparecieron sucios, con el pelo enmarañado y la ropa destartalada. Se sentaron a la mesa y exigieron su merienda y Ariadna los envió a lavarse las manos, aunque, en realidad, necesitaban una buena ducha. -¿Encontrasteis al conejito?- preguntó Ariadna, abriendo la nevera pa...

Una penúltima carta desde fantasía

Te quiero, pero eso no implica que sea permanente. Te miro, y no encuentro el instante. No sé dónde o cuándo y no me importa, porque la rueda gira y las páginas del libro se han cerrado. [Sigue leyendo] Cuando me vaya a dormir está noche dejaré la sensación de tu pérdida regresaré al lugar en que debo estar sin saber calmada proyectada en una nube de insomnio derretido. Las palabras que ahora no preciso: añorarte es suficiente pensarte es interesante buscarte es indiferente amarte es el sugerente modo en que dentro de mi pecho el calor se expande y el frío cesa arrellanada en el sofá, incesantemente alegre en el abrazo de lo que está perdido. La lucha ya no es persistente y empezar es necesario cada día, cada día en que el sofá se reblandece, incómodo en su incomodidad, acostumbrado al tacto de mi mano, a las noches que se extienden alejada de la cama, sin su manta y sin su gato.                   ...