En una esquina del bar hay un gato despanzurrado. Las tripas no están fuera, el pelo está ya algo seco y tirante. Imagino, sólo imagino, que alguien lo ha golpeado: un coche, un vehículo motorizado, un bate de béisbol. Eso me recuerda algo. Me recuerda los veranos en Florida, me recuerda el polvo de la carretera miserable por la que vagaba hace diecisiete años. ¿Que que tiene que ver todo esto con el cadáver de la rata en la carretera, el gato muerto en el garaje, el bar de la esquina?
Los chicos tocan música en el garaje; los chicos son casi como en las películas; la chica de la blusa, el chico del pelo rubio. Todos terminan mirando a la rata despanzurrada en la carretera. Acomodado en el taburete de la barra del bar todo me parece distante menos el gato. Ese gato oscuro y esmirriado que alguien atropelló anoche en la carretera.
Algo me recuerda otros momentos distintos. El pelo de Marisa verde agua, los ojos de Marisa verde cielo; la camisa flotando en el agua; el cuerpo níveo, el pelo flotando entre los hierbajos húmedos. Observo la diana, al final del bar, al final de la barra, al fondo del todo; y el cubilete con los dardos. ¿ Me importa el color? En absoluto. ¿Me importan las bragas de la chica, el tanga, creo, que asoma sobre el borde índigo de los vaqueros. ¿Quién soy?Bueno, eso no importa mucho, ya me reconozco yo solito en los espejos. ¿Dónde hostias he dejado el puto encendedor?
Ese tipo acomodado en la barra, el del traje oscuro y desgastado, con el pelo pegajoso sobre la frente... debe estar borracho, al menos lo parece por como mira todo, la mirada sustraída; no sé , de vez en cuando parece ( pero no puede ser) que le conozco. No pierdo nada con acercarme y golpearle en el hombro, un golpe seco, pero mudo y sordo. ¿Estará tan sólo cómo yo? En realidad llego a casa y abro la nevera. Mi gato espera su comida. El tipo del bar me dice que hay un gato despanzurrado en la esquina junto a la barra. Y el bar oscuro, la barra brillante y negra, el bartman (batman, por qué no; tan negro y tan pingüino)- como digo, abro la puerta de la nevera-; el bol con la comida y... El tipo ha dejado de moverse, llamo a un taxi; me ayudan a encontrar la dirección en la cartera. No vive sólo. Dos hijos, un gato y sus perros. Un montón de fotos de chicas colgando de la pared de la habitación, pegadas con fixo. Los ojos de la chica tienen una mirada como de ángel, y hay un montón de dibujos colgados de la nevera, imanes de color rosa, fotografías infantiles. Para papá: Brenda. Un oso, un pato y un montón de manchurrones.
Me molestan esas jodidas nubes rosa y la tía que no deja de mirarme todo el tiempo. No me gustan los amaneceres, las nubes que se enrojecen con el sudor, al bajar el sol, al hundirse el océano, azul, verde y extraño. Las manchas de sudor en mi camisa, en las axilas.
Me ha dejado acomodado en el sofá; mañana regresa Elena y los niños y los días consumidos en el bar - tan negro que me parece una pesadilla, tan negro que dejo que el suelo devore mi sombra y la desdibuje-. Esas nubes rosas, las de la foto que ha dejado la chica sobre la mesa, si me gustan. Ha dejado también una tarjeta. ¿Fotógrafa,...profesional? Muevo la tarjeta entre los dedos. Volveremos a vernos. Volveré a ver nubes rosas y chicas con vestidos raros y objetos revueltos. Volveré a cocinarme unos huevos. Volveré a cerrar con llave la habitación de las fotos hasta mañana, cuando vuelva a la oficina. Traje gris, gris oscuro, gafas de sol y una esmirriada cara de rata dibujada en el retrovisor. Con los ojos algo hundidos y la piel demacrada. Parece que el tipo no ha pasado una buena noche, diría. Semáforo en rojo. Tendremos que buscar a Marisa, con sus ojos de mar, con sus ojos de agua, con los pulmones repletos de aire. Absoluta y completamente viva.
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| davidgorgojoSergelgatan, Estocolmo |
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Mujer blanca, 28 años, 60 kilos, desaparecida el día 22 de agosto a las... Agente Fernández, agente García, la subteniente, el deshollinador y todos lo putos trapecistas, vestidos de azul muy oscuro. Las inconmensurables chimeneas del Titanic que se estiran hasta el infinito. Tres casos nuevos en tres días y muchos más dibujos en la nevera. Un café con Claudia, alguna copa que otra en el bar de siempre y ese gato negro que no deja de mirarme desde el otro lado de la calle.
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| annaeglite |
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