El tibio amanecer de la aurora frígida y cibernética
los circuitos ladeados del cableado en la calle de los suspiros
entretanto el suspiro sale de tu boca de rosa aterciopelado y se encuentra vacío
el vacío es un punto de silencio y monotonía
la monotonía un instante teñido de gris. Entre todas esas cosas la niña de las botas
juega en el charco
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el azul amarillento de las nubes pintadas
nos deja en entredicho siempre
Casi nunca conseguimos olvidar al olvido que
impertinente
decadente y omnipotente
como un dios alado con sandalias de mate rosa y crema
desciende del Olimpo en caída libre.
La montaña que desciende y el frío intenso- Calor, que dilata las venas cerca de la comisura de los párpados.
Otros dirán que me he perdido. Yo digo que me he encontrado. Que la calle está soleada, el viento, frío y las hojas de la ramas se agarran a los pezones en nacimiento ascendente.
Concluyo: el mundo es lugar difuso y enclenque. Discuto la levedad de las sirenas, la inexistencia. ¿por qué si nosotros nacimos del agua no puede el hombre nuevo regresar en forma de tritón, ente fabuloso, quimera?
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Tres cabezas, tres en el tibio amanecer de las sustancias; tres veces tres las cabezas. La lámpara de aceite se consume. Enseñarme que mi alma irá al infierno es suficiente para: que no me quite las botas, que me acuse de alma innoble, de lacayo, de amante del arte, esposo, novio de la muerte. En la sala B del castillo A de Baviera, Baviera descansa sobre su tesoro. Sobre el tesoro de Baviera duermo, sobre la sangre de Baviera. Dibujo en la pared de cemento caucasiano letras de sangre, de sangre Baviera y rojo sedante. Condensadamente me fijo en el ritmo de las letras, en la devanación del silencio. El tiempo no influye en las decisiones que el tiempo escinde.
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RE
En el jardín hay cuatro rosas, una por el verde, otra por el amarillo, una por el compensatorio negro y la sintonía de los muertos en el cementerio, detrás de la casa. Una rosa negra teñida de rosa. Una por la desesperanza y la tristeza que se afirma entre los macizos de flores y sobre los libros y sobre los coches, lluvia de flores desde una avioneta azul garage, azul de línea de carretera imaginable hacia el infinito de los cafés matutinos, la leche en polvo y los dientes de leche que me quedan por caer.
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FA
Entre la sublime aurora de rayos rosados nacieron. Nacieron los ratones y los huesos , las tibias calaveras y los rinocerontes de cristal de cuerno de laberinto y unicornio.

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