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Erik-A



Se lo arrancó de la mano a Erik-A. Erik-A se sintió confusa.

-¿No ves que está rota, no lo ves? ¿No ves que está rota?- repitió.
El hombre alto, de cabello negro y oscuro, vestido de cuero negro de los pies a la cabeza, no le hizo mucho caso. Se entretuvo en dilapidar el tiempo agitando el comunicador de luz arriba y abajo.
-Como si fuera nuestro amigo... -dijo la chica con inocencia.-No vale para nada, ese tampoco ayuda una mierda. ¿Has visto lo que hicieron con los que bajaron por la otra escalera?
-Nadie te ordenó meterte en la casa y menos en la casa gótica. Deja de girar; no es lo tuyo, parece.
-Ni que yo hubiese creado tantas puertas- protestó.

-Algunas.
-Bah... algunas.- Le pegó una patada a una piedra; el sonido metálico rebotó y se hizo el silencio.
-Un eco, un eco solamente para dejar mis pisadas y escuchar el ir y venir del oleaje. Un eco, un eco solamente y el aullido de tu voz me arrancará las entrañas con sus mil voces... Un eco solamente percibo y ese eco es la reminiscencia de un eco pasado: Un eco futuro que adormece y me tienta y me subyuga; un único y certero eco como una flecha desnuda.
Erik-A miró hacia su derecha.
El suelo estaba lleno de piedrecitas y la atmósfera cargada. Extrajo un tubito negro del bolsillo de su chaqueta.
-Es azufre.
-¿Azufre?
-Sí. No creo que encontremos nada aquí, pero si no podemos arreglar esto...- Dió un par de pasos más y recogió la bola. Erik estaba sólo a unos cuantos metros, en el centro del recinto cerrado.
En la superficie palpó un agujero diminuto; el material cristalizado no contenía nada y el líquido quedó perdido para siempre.
-¿Tienes alguna idea, princesa?, porque no creo que mirarla nos dé una solución y tenemos que pirarnos de aquí cuanto antes. Está subiendo la condensación y nos asfixiaremos.
-No me quedan muchas. Una opción es dejar a un lado nuestras diferencias con el bicho y pedirle que abra la puerta; tú le explicas que su objeto de sus fantasías se ha jodido.


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