Ir al contenido principal

Sin título (cuando)



A Liliana no le gustaba la actitud de Al J. no le gustaba que la ignorase todo el tiempo y que detuviese la mirada anquilosada en su moto y en sus bragas alternativamente.
El resto del grupo no tardó en llegar.

Hacía calor, los geranios estaban secos y las prímulas se mantenían erectas bajo los aspersores. Liliana pensó que Al J. era un imbécil. Le gustaba observar a Diego: la sonrisa traviesa y los ojos azules. Diego no se fjjaba en ella nunca, si no era para decirle que no se pusiera una falda tan corta y unas botas tan altas. Diego le parecía un estúpido, pero es que, a Liliana, últimamente, todo el mundo le pareció ajeno a su mundo; a ese mundo que a ratos la frustraba y a ratos le hacía sentir eufórica y no parar de reír sin motivo.

Los motivos de Liliana eran evidentes, porque el divorcio de sus padres y las discusiones por su custodia se sucedían sin cesar, como cuando contaba ocho años; en realidad, nunca habían dejado de discutir.


A Liliana no le gustaban los chicod, a ratos los aborrecía, puede que por esa sensación deprimente que le provocaba que su padre tratase de quitársela de encima; y todo eran suposiciones, porque nunca le había preguntado si quería llevársela con él a México, la conciencia le remordía cuando pensaba que Marta se quedaría sola - bueno, con los abuelos-, y que la vería sólo en las vacaciones.

-Estás alelada, Liliana.

Gisela era demasiado dura con la chica, no la dejaba ni respirar. Liliana se agarró al brazo de Al. J. Se desprendió a duras penas de la sensación de culpa y de las ideas extrañas que le alborotaban la cabeza.

No tenía tiempo para decidir, no sabía siquiera si podía decidir. Liliana nunca había sabido en que lugar encajaba, cual era la pieza que tenía que usar en el tablero. No sabía cómo enfrentarse a su madre. Liliana no sabía casi nada de lo que tenía que hacer y no encontraba soluciones para nada. Sin darse cuenta, era la angustia la que ya no le dejaba pensar; la paciencia tampoco estaba en su diccionario mental. Recordaría los dieciséis como una etapa oscura y absurda. Recordaría tiempo después la cocaína sobre la mesa, las noches sin dormir, el sexo con Al J. para olvidar; recordaría a Al J. agacahado para mirarle las bragas como si tuvieran ocho años y esa necesidad de que alguien la sacara de su vida, cuando no tenía otra y la suya le gustaba.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Acertijos

-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

Figuras

Mis sueños están acompañados de briosas sombras de corceles negros Busco en los anaqueles de la biblioteca unos legajos sobre el sueño extenso que mi desasosiego calme y en paz me sostenga esperando el postrero solsticio la Navidad sorda y muda con su árbol hecho de libros, de fieltro, de estanterías Mi lecho está lleno de corceles blancos de nubes y brumas de blanca añoranza mas lo que no ha de salir sale y lo que ha de salir espera en el negro horizonte de la noche Cuando amanece llega el jinete sin cabeza intuye que el hueco sobre el... Sólo las pesadillas caben dentro de un sueño. Estatua. Has vencido. Al tejido horario; la hora de Londres, la hora de Roncesvalles Entre muchos huesos el jinete encontró su cabeza y ahí sigue. Así les doy forma a mis muñecos con embalsamado artístico. Figuras.

Dolls

En efecto, la muñeca estaba triste , aunque la habían reconstruido. Alguien la envío con matasellos hasta la casa de muñecas. Una casa grande, bonita, donde cabían desde las muñecas más esperpenticas ( y muñecos), hasta las más bonitas. Las había de porcelana; con el pelo dorado; pelirrojas; con traje de época; medievales; de goma, de fieltro y hasta de corcho. -¿De corcho? -Es lo último que se me a ocurrido -le contestó el juguetero a Rudolf. Rudolf tenía la nariz roja por el frío. - ¿Y qué hay de Brujas? -Brujas está en Bélgica, pero es cierto, que, en parte, existe un lugar en donde puedes encontrar unas cuantas El reno le interrumpió. No estaba para esos juegos mientras se acercaban las navidades y aún no había pedido sus cuatro deseos. En el apartamento los chicos se cansaron de criticar a la chica que había encontrado a Rock Rose entre la maleza. Clara decicdió que quería pintarse las uñas. Ernesto dejó la cerveza y se acercó un poquito a la chimenea... sólo un poquito- dijo. La ...