Nunca me pregunto dónde está la verdad, la vida es demasiado corta. Los años, esos que ingratamente pasé en el Pozo de la Sabiduría, no me trajeron ningún beneficio; sólo sé que existe una única verdad.
Hace mucho que la casa grande se quedó vacía, los niños ya no juegan , ya no oigo el sonido de sus voces. A veces me pregunto porqué derramaron tanta sangre, para qué utilizaron los cuchillos, porqué se
molestaron en cortarles la cabeza; de improviso me pregunto porqué escribo, cuando, instantes después de cada pérdida, mi mente se comprime en un punto oscuro.
Los dibujos sobre la mesa me devuelven imágenes, pero esta es la verdad: la nueva casa me gusta.
Es un piso pequeño, casi vacío, desestructurado sin Susie -la chica de antes-, al menos lo estaba hasta que llegué yo. Quiero pensar que ningún hecho es fortuito, que la sensación de bienestar no es pasajera, pero todos somos pasajeros. El viaje está comprimiéndose, la información no se expande, las caras de la gente... están tristes, todos ellos, esperando una catástrofe que no llegará nunca.
Lo supe, siempre lo supe. Supe que nadie es demasiado cuando está sólo, aunque en realidad nadie está solo.
El diario de sus faltas está casi repleto, los árboles del Jardín Milenario comienzan a florecer y yo puedo dormir sin problemas.
La casa blanca de mi vecino está igual de blanca que el año pasado, los macizos de rosas siguen igual de fragantes. ¿Qué es lo que ha cambiado? Detecto algo distinto, en la estructura de las nubes, en el color del cielo. Nadie está solo. Sigo escribiendo. Mientras, en el Aula de las Objetos Perdidos, clausurada junto con los enormes tigres de cemento, la máquina de escribir prosigue con su sonido suave de teclas pulsadas. Candy escribe, escribe siempre en la máquina de escribir y yo uso el Netbook, blanco, con rayas de cebra, negro con rayas blancas. Un paso de cebra de las ensoñaciones...
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| "Frozen Flower" di Natalie Shau |

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