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Erik-A



Y, cuando subió, encontró muchas cosas en el piso superior. Estaba vacío, pero contenía muchas cosas. Eran objetos que recordaba, de esos que una vez amueblaron una casa normal, de los que no existían, aunque estaban por todas partes, en la habitación rectangular y polvorienta.



La mujer se acecó a la ventana y esperó. Las gafas de sol impedían que le sol asfixiante la cegara. Se
encontró observando los árboles que delineaban la carretera. Se ajustó las gafas de aviador y encendió el comunicador, un aparato pequeño, delgado, plano y alargado, compuesto de luz blanca brillante. En la misma habitación se desplegó un único componente. No era un mutante y, pese a todo, en ese lado si lo era, en el otro lado, Erik-A era la mutante.

-¿Todo bien?- preguntó la voz.

-Todo bien- contesto Erik-A, moviéndose por la habitación en línea recta.

-Tienes que encontrar una caja, ¿la ves?

-¿Qué coño quieres que vea? ¿ Una caja, una puta caja?

-¿Para qué te he entrenado? Yo no puedo pasártela- dijo el ente- . Mejor la coges, esté o no esté.


Erik-A se frotó la frente con el doros de la mano y se quitó las gafas. Intentó interpretar el lugar exacto, comprender dónde estaba exactamente la caja y para qué la quería. Era inútil.



Supo desde el principio, desde antes de subir, que su vida en ese lugar no sería fácil. Hallar vida humana, como la suya, era prácticamente imposible. Se metió de lleno en la tarea de encontrar la caja. Conocía dónde había estado en el pasado, pero ahora todo era diferente, la habitación no estaba en el mismo ángulo y las paredes se desdoblaban en dos mitades. Volvió a ponerse las gafas. Desentrañar todos los misterios que le habían llevado hasta la casa era difícil y  empezaba a dolerle la cabeza por la presión de buscar, cuando, en realidad, no tenía que buscar nada, los datos ya estaban dentro de su cabeza.

Podía oír las voces de los cuadros en la escalera, hablando de sucesos insustanciales de otras épocas que la aburrían. Realmente, casi la totalidad de lo que había encontrado la aburría. Ese mundo limitado, arcaico y cuadrado no estaba hecho para ella. Verse reflejada en cada historia era un auténtico galimatías.

Esa noche no pudo dormir. Arrinconada en el suelo sucio, apoyada en la pared, encogida como una niña pequeña, esperó que se comunicaran con ella por la mañana, y lo dio todo por perdido cuando no encontró ninguna respuesta a su llamada. Tendría que rebuscar en su mente y eso la inquietaba. Se acercó a la ventana; el trino de los pájaros era molesto; le resultaba indiferente; arrastraba su memoria como una serpiente entre la hierba.En el bolsillo de su abrigo brillaba el comunicador. No escuchó instrucciones cuando lo acercó al oído, escuchó música, una melodía que no recordaría al despertar.


Encontró la caja por la mañana. Tendría que abrirla para recuperar los datos y eso le llevaría tiempo. Sin embargo, el cambio de escenario era evidente: uan cama donde dormir y calefacción. Una jarra de agua sobre la mesita de noche. Un e- reader obsoleto y un paquete de cigarrillos. Otro nuevo día para seguir aprendiendo y encontrar la puerta de salida, porque, en la nueva habitación, no había ninguna.

Pensó en ese momento en las letras inscritas en los cristales oscuros de sus gafas: whith whithout. Le pareció que el constructor había tenido un pésimo gusto, con sus gafas, con su pelo y con la sonrisa impertinente que se dibujaba en su cara como si los acontecimeintos fueran de oro y los putos cristales de color de rosa.

Comentarios

  1. Excelente relato Raquel, llenas imágenes nuevas la mente con facilidad, un placer
    saludos

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  2. Gracias por tus comentarios, Pedro. Me alegra que te guste y que las imágenes no queden sólo en mi imaginación y pasen a la tuya también. Un abrazo!

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