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Erik-A



Pero Erik-A era algo más que una buscadora, algo más que una superviviente, Erik-A era una cazadora. La caja se abrió con facilidad y le enseñó todas los elementos que el ente no podía ver. Su mente de química los clasifico en un segundo, los separó por densidades, los balanceó, los midió y los volteó. El compuesto perfecto apareció ante ella con su sublime ardor de fuego y su inestable equilibrio. Intentó no moverse para no perforar la esfera. Tendría que transportarla escaleras abajo, y eso no era nada sencillo: como mantener un huevo sobre una cuchara con los ojos vendados.
 



La puerta multidimesional se abrió junto con la caja y el mutante tendió la mano a través, pero ella no pensaba entregársela; no después de todo lo que le había costado conseguirla. Tres planetas, dos agujeros negros y las dos últimas galaxias; podían irse a la puta mierda sus normas, su caja y el jodido contenido.

La esfera de oro líquido la siguió escaleras abajo. Su compañero la estaba esperando en el último peldaño.

-El trato no era ese y lo sabes.

-No, no lo era- contestó Erik-A.-Tampoco lo era prescindir de mí cuando consiguiese la esfera y eso es exactamente lo que pensaba hacer.

-Cómo lo sabes, Erik-A, nunca das margen, nunca.

-Ellos no me dieron margen- contestó la chica, caminando hacia la salida de la mansión victoriana.

-¿Qué vas a hacer con la esfera?

-Ubicarla para volver a casa.

-Si ni siquiera sabes donde está- protestó el hombre, deteniendo el paso.- Mira. Creo que eso no es nada bueno.

-No, no lo es. Y la puerta se cierra, Erik. ¿Dónde están los demás?

-Cerca, pero no pueden ayudarnos todavía.

-Mierda. Ahí están las luces.

-Gira la esfera.

-¿Qué? - Erik-A miró a Erik, la esfera se agitó de forma imperceptible.

-Hasta el punto rojo.

-¿Y tú cómo coño sabes que tengo que hacer?

-¡Gírala, joder!



Observaron las luces llegar, las luces blancas y alargadas, las manos y los cuerpos alargados. El punto de luz roja quedó incrustado en el techo del recibidor.

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