Ir al contenido principal

-57-

La casa es grande, blanca, con un tejado a dos aguas, negro, de placas grandes de pizarra. En la entrada hay dos escalones de piedra, un gato blanco y un jarrón con flores secas. Las ventanas son pequeñas, estrechas, con los marcos de aluminio. No hay cortinas en las ventanas. Dentro de la casa, a la derecha, en el salón, hay: un par de sillas, un sillón rojo de tela, una mesita baja con un montón de trastos y unas gafas; una lámpara de pie junto a un sofá de polipiel marrón, una estufa halógena, muchas estanterías y muchos libros. El salón y la cocina no están separados por ninguna puerta o estructura. La cocina es nueva, la encimera es de granito gris y las puertas de las alacenas grises con rayas. En el segundo piso hay dos habitaciones. Una es pequeña, con una
cama y anaqueles con libros al fondo, a la izquierda; la otra habitación es grande, por la ventana entra mucha luz, los muebles son blancos (completamente lisos, con los tiradores en rojo): uno de ellos sobre la cama y dos armarios pequeños a los lados con un hueco para colocar cosas. Fuera la hierba es verde, el río azul y el aire gris.


                                                                                                                              

Comentarios

Entradas populares de este blog

Acertijos

-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

La Noche de todos los tiempos (2)

Y el chico de los periódicos seguía observándola mientras miraba el post-it de la nevera. Ariadna tenía los ojos de un gato, grandes y almendrados. A Ariadna no le parecía extraño el sueño del gato, la leyenda extraña de La Noche de Todos Los Tiempos; no le resultaba extraño el paseo de la vecina hasta la puerta de su casa, para pedirle café, o azúcar, o sal. La habían acogido fenomenalmente bien, y, pese a la fama de pueblo sonámbulo y taciturno, las fiestas que se despachaban en las casas de los vecinos día sí y día también, contradecían las opiniones de los foráneos. En ese momento, entraron Carlos y Azuzena. Una brisa suave se acercó desde el jardín de atrás; escuchó como se cerraba la puerta. Los dos chiquillos aparecieron sucios, con el pelo enmarañado y la ropa destartalada. Se sentaron a la mesa y exigieron su merienda y Ariadna los envió a lavarse las manos, aunque, en realidad, necesitaban una buena ducha. -¿Encontrasteis al conejito?- preguntó Ariadna, abriendo la nevera pa...

Una penúltima carta desde fantasía

Te quiero, pero eso no implica que sea permanente. Te miro, y no encuentro el instante. No sé dónde o cuándo y no me importa, porque la rueda gira y las páginas del libro se han cerrado. [Sigue leyendo] Cuando me vaya a dormir está noche dejaré la sensación de tu pérdida regresaré al lugar en que debo estar sin saber calmada proyectada en una nube de insomnio derretido. Las palabras que ahora no preciso: añorarte es suficiente pensarte es interesante buscarte es indiferente amarte es el sugerente modo en que dentro de mi pecho el calor se expande y el frío cesa arrellanada en el sofá, incesantemente alegre en el abrazo de lo que está perdido. La lucha ya no es persistente y empezar es necesario cada día, cada día en que el sofá se reblandece, incómodo en su incomodidad, acostumbrado al tacto de mi mano, a las noches que se extienden alejada de la cama, sin su manta y sin su gato.                   ...