En el vestíbulo sobredimensionado, los cuadrados del suelo, permanecían impregnados de la idea nefasta de una enorme y terriblemente caótica partida de ajedrez.
Recorrió hasta el final los pasillo del château. Cada pisada en las losas tambaleantes le dejaba un sabor agridulce en la boca, impregnada de fruta y de hollín.
No hacía mucho, entre los mismos corredores de suelo ajedrezado, en el mismo vestíbulo, había dejado los rastros de su humanidad para integrarse en un mundo difuso. Las piezas, todas ellas, tomaron forma en la lejanía, un juego de luces que le dejó aturdido y expectante: La reina se acercó, brillante en su traje de azul, la dejó pasar y se quedó petrificado y en cuclillas, porque, directa a su corazón, la espada del caballero no tendría misericordia. ..................................................
[Esto fue lo que pasó en realidad y no es sino el principio de una historia.]
Comentarios
Publicar un comentario