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A,B,C,D... y no dejó de recitar así en un rato, la conmovedora colección de letras del abecedario. Si tener cinco años no era una ventaja, que alguien se lo dijese a los 26, después de tres años en Francia, Paris, La Sorbona, perdidos 'obcecadamente' o con obcecación. 
                        Dibujo de Jordi Labanda


Lo cierto es que había aprendido a combinar una boina con un cardigan de medio punto y una Harley casi por estrenar, la de su novio -ex novio-, con unos stilettos de suela roja. Marisa no se llevaba muy bien con las
circunstancias, pese a todo: su imagen  exterior no se correspondía con sus ideas traviesas y trangresoras, su maneras de "niña bien" ocultaban su origen con una facilidad pasmosa, y el resultado de todo aquello le fastidiaba, porque creía no encajar en ningún sitio. Y fuese por este pequeño detalle de su pensamiento, o porque en realidad se trataba de un ser sobrenatural, Marisa no se acercaba ni de lejos a las parisinas, a las españolas parisinas o a cualquier otra clase de chicas parisienses. Los chicos parisienses sí se fijaban en Marisa, en sus formas suaves, en su sonrisa tímida, en el pelo pajizo y anaranjado, en su cara nívea y en los movimientos de sus manos, sin olvidar nunca sus tetas, sus caderas o su culo, porque, nuestra chica de NoParís tenía tantos atractivos que... Una chica más entre las chicas inteligentes, atractivas y sensuales, tan seguras de sí mismas, que no pisan una baldosa sin saber donde ponen el pie. Pero todo esto, Marisa, Mar, Mar gris o azul o rojo... de todo esto, ni idea...




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Acertijos

-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.

Figuras

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Dolls

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