Tristemente pensamos en recluirnos en un sótano, cuando lo que realmente teníamos que hacer era salir al exterior y exterminar a los bichos. Es así de simple jugarse la vida para conseguir nuestro sitio en la superficie, donde da el sol, porque ya empezamos a asimilar la falta de luz y se están produciendo las primeras mutaciones. Yo no creo que sirva de nada buscar ahí arriba; Medea, por el contrario, está convencida de que no debemos dejar que secuestren nuestro espacio. Nadie pensó nunca que nuestro planeta pudiese incubar una especie superior a la nuestra, quizás algún día meditemos en cuál fue el primer problema, el grano de arena que hizo caer el montón sobre los pocos que quedamos. Esto no es una historia triste, es una historia de supervivencia, de ciencia ficción -un género totalmente desaparecido, ahora que lo pienso-... ¿Es una utopía creer? Al menos he visto que los insectos han doblado su volumen en unas horas...
-Al otro lado del jardín encontrarás una llave. Pero, recuerda esto: la única forma de abrir una puerta es esperando. Dio la vuelta. Tantos callejones sin salida le estaban aturdiendo. La mente se complicaba en pensamientos recurrentes, el sonido de las tripas en el estómago, con hambre todo el tiempo. David LaChapelle Buscaba la puerta, la puerta que tendría que abrir con maestría, la puerta de entrada, la puerta de salida. Necesitaba soluciones o eso creía. Tenía soluciones todo el tiempo, incubando en su mente, como un virus totalmente informático de información comprimida. "¿Oyes eso?" Escuchó con atención y escuchó el sonido rítmico de las gotas al caer y no supo en qué lugar caían, pero llegó al final del jardín. "¿Oyes eso, ves eso?" -¿La luz? -Sí, la luz. -No se puede oír la luz- afirmó el pasajero.- No se puede. -Se puede oír la luz y ver el cielo y escuchar el viento, se puede oír la luz. Abre la puerta.
Comentarios
Publicar un comentario