El ilusionista se quedó sentado tras la mesa, hilvanando pensamientos monocordes sobre un truco que no conseguía realizar. Le resultaba imposible recuperar una historia rota, que, junto a su amigo, hacía mucho tiempo, había construido entre máscaras, lápices de colores y hojas de papel amarillento.
Dejó caer los párpados y se encontró dentro del mismo sueño que lo había transportado a Luminalia, y que le había dejado aquel resquemor en el vientre.
Él se acercó con su vestimenta de paja y su cara de cristal, y el ilusionista, vestido de azul de los pies a la cabeza, supo que no despertaría. No se trataba de una de sus invenciones. Su último, sublime y mágico momento de inspiración terminó con sus huesos en una urna cenicienta y llena de polvo.
El muñeco de paja observó su cara mugrienta y su pelo descolorido, tiró de los hilos y movió la marioneta sin compás:
- ¿Tienes todo lo que necesitas por aquí?- le preguntó a su amigo.
- Todo- contestó la marioneta-. Volveremos a Luminalia.
- Cuando deje de mover los hilos y cuando estés acabado del todo.
- ¿Y nuestra magia?- dijo la marioneta con un espasmo y una mueca extraña, retorcido entre los hilos.
- Al despertar todo habrá terminado.
Y el ilusionista, vestido con un frac de los pies a la cabeza, descubrió que sus juegos de iluminación estaban listos y el escenario preparado. Luminalia estaba viva y el hombre de la cara de cristal observaba desde la platea, con las luces parpadeando sobre la superficie reflectante.
Dejó caer los párpados y se encontró dentro del mismo sueño que lo había transportado a Luminalia, y que le había dejado aquel resquemor en el vientre.
Él se acercó con su vestimenta de paja y su cara de cristal, y el ilusionista, vestido de azul de los pies a la cabeza, supo que no despertaría. No se trataba de una de sus invenciones. Su último, sublime y mágico momento de inspiración terminó con sus huesos en una urna cenicienta y llena de polvo.
El muñeco de paja observó su cara mugrienta y su pelo descolorido, tiró de los hilos y movió la marioneta sin compás:
- ¿Tienes todo lo que necesitas por aquí?- le preguntó a su amigo.
- Todo- contestó la marioneta-. Volveremos a Luminalia.
- Cuando deje de mover los hilos y cuando estés acabado del todo.
- ¿Y nuestra magia?- dijo la marioneta con un espasmo y una mueca extraña, retorcido entre los hilos.
- Al despertar todo habrá terminado.
Y el ilusionista, vestido con un frac de los pies a la cabeza, descubrió que sus juegos de iluminación estaban listos y el escenario preparado. Luminalia estaba viva y el hombre de la cara de cristal observaba desde la platea, con las luces parpadeando sobre la superficie reflectante.
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